«La pasión de Juana de Arco», este miércoles en la Casa de Cultura de San Lorenzo de la mano del Colectivo Rousseau
El Colectivo Rousseau pone en marcha un ciclo de «Procesos judiciales» en el cine, que trae este miércoles, 6 de mayo, la proyección de «La pasión de Juana de Arco», de Carl Theodor Dreyer, completándose con «Voices of light», música de Richard Einhorn. La cita es a las 18:00 horas en la Casa de Cultura.
Así presenta Sebastián Zabala la película en la web del Colectivo Rousseau:
Considerada como una de las mejores películas del cine mudo, es una historia que, lejos de sentirse valiosa únicamente por ser un documento histórico fidedigno (aunque en cierto modo lo es), demuestra lo mucho que se podía hacer antes del cine sonoro, especialmente en lo que se refiere a la experimentación visual, con una gran variedad de planos, movimientos de cámara y hasta propuestas de dirección de arte.
Lo más sorprendente de La pasión de Juana de Arco, en particular para quienes la ven por primera vez, está en lo inesperadamente moderna que se siente. Esto se puede deber a lo mucho que favorece los primeros planos; a su estilo de montaje, el uso de entrelazados de diferentes momentos y planos de rostros inconexos; o incluso a cómo luce, con una protagonista de pelo corto que no se vería fuera de lugar en el siglo veintiuno. Lógicamente, La pasión de Juana de Arco es de visionado obligatorio para cualquier cinéfilo o cineasta, pero para quienes nunca hayan visto un filme de hace casi cien años, también se puede tratar de una experiencia interesante y hasta reveladora.
Pero regresando a su valor histórico, La pasión de Juana de Arco está basada en el registro real de los juicios religiosos que le hicieron a la joven de Orleans en el siglo XV antes de que la quemen en la hoguera. Evidentemente, fueron varias sesiones —intercaladas con tortura— por las que tuvo que pasar, pero Dreyer las combina para entregarnos solo una. Es así que vemos a Juana (Renee Maria Falconetti) siendo juzgada por un grupo de curas y monjes aliados de los británicos, luego de ser capturada por franceses también aliados con el enemigo. Sus jueces están frente a ella no para darle la oportunidad de defenderse o para ser justos, sino más bien para asegurarse de que podrán deshacerse de ella. Inicialmente, solo quieren encerrarla de por vida, pero como bien sabemos, su destino eventual es mucho más terrible.

Autosacrificio
Como toda buena historia cristiana, La pasión… tiene que ver mucho con el autosacrificio. Cuando los jueces le preguntan a Juana qué es lo que le prometió el Señor en sus visiones, ella eventualmente les responde que obtendrá la victoria a través de su martirio, dando a entender que las acciones de sus opresores son parte de su plan. Así como los jueces sabían desde un inicio que ella no iría a salir libre, ella eventualmente se da cuenta de que no hay forma de que no termine en la hoguera. Por ende, su sufrimiento se convierte en autosacrificio; su dolor es utilizado en nombre de su Dios para demostrar que los jueces siempre estuvieron en el lado incorrecto del conflicto. Esto culmina brillantemente en un hombre gritando “¡hemos quemado a una Santa!” luego de que matan a Juana (un diálogo basado en algo que de verdad se dijo en aquella situación).
Ahora bien, siendo La pasión de Juana de Arco una película muda, la mayor parte de espectadores la terminan experimentando de diversas maneras. Como muchos otros directores de la época, Dreyer tuvo poco o nada que ver con la musicalización de la película, por lo que las opciones que tenemos hoy en día son más como aproximaciones de lo que probablemente se hizo hace casi cien años.
Una experiencia fascinante
Desde un punto de vista formal, La pasión de Juana de Arco es una experiencia fascinante, llena de recursos que no se harían comunes hasta algunos años después (escenas entrelazadas, un extenso uso de primeros planos, planos aberrantes, seguimientos con dolly, planos picados y contrapicados para contrastar personajes, y más). Pero no es solo por eso que la cinta ha envejecido tan bien. Lo que hizo Dreyer fue usar todas las técnicas y herramientas que tenía a su disposición para contar una historia enfocada enteramente en su protagonista y en su sufrimiento y esperanza, quedándose siempre con ella y especialmente con su rostro. A Dreyer no le interesaba nada más (ni sus sets ni locaciones ni vestuario), y es por eso que la experiencia se termina sintiendo tan íntima, hasta incómoda por momentos. La pasión de Juana de Arco es un clásico en todo sentido de la palabra, y el tipo de película que debería ser vista hasta por quienes le tengan alergia al cine mudo o al cine en blanco y negro. Así de poderosa es, y así de poderosa seguirá siendo por muchos años más.
