La retirada de Antonio Campillo, el jugador más desequilibrante del mejor CUC Villalba de la historia
“Hoy tengo que darle las gracias al fútbol por todo lo que me ha dado, por todas las personas que he conocido, por los momentos inolvidables que he vivido, por enseñarme tanto. Sin embargo, y tras mucho meditarlo, he decidido poner punto y final a mi carrera como futbolista profesional. Mi cuerpo, en concreto mi rodilla izquierda, ha llegado al límite y pese a los intentos por volver a estar al cien por cien de mis capacidades, tengo que ser honesto y dar un paso a un lado”. Antonio Campillo, el jugador que deslumbró en el mejor CUC Villalba de la historia, el del subcampeonato de Tercera División de 2013, inició así su mensaje de despedida del fútbol el pasado 19 de agosto.
Todo palabras de agradecimiento a los clubes en los que ha estado, a la gente que lo ha rodeado, y orgulloso de lo aprendido en una carrera que acaba con sólo 29 años y que deja, más que una sospecha, la certeza casi absoluta que, de no ser por sus problemas de rodilla, su calidad lo hubiese llevado a jugar en Primera División. Cinco temporadas con el Lugo en Segunda, donde su ficha había sido dada de baja como lesionado de larga duración, es su bagaje en el fútbol profesional -128 partidos, seis goles y 12 asistencias-, al que llegó tras dos grandes campañas en el Rayo Vallecano B, donde confirmó con creces lo que había mostrado a la afición villalbina: desborde, visión de juego y goles, actuando a caballo entre la delantera y una línea de tres cuartos en la que estaba especializado en desajustar defensas.
Etapa en Collado Villalba
Campillo llegó a Collado Villalba en el verano de 2012 como una apuesta arriesgada de los técnicos, David Gordo y Nacho Benito, pero avalado por las excelentes condiciones mostradas como canterano del Atlético de Madrid. Lo hizo lesionado, pues tenía un edema en el cartílago del menisco y no pudo debutar hasta la quinta jornada del 23 de septiembre. Manu Millán, el histórico capitán de entonces y hoy entrenador de la Gimnástica Segoviana, recuerda que “venía de Melilla y no le quería firmar nadie de Segunda B o Tercera. Vino, entre otras cosas, porque Guille Fernández –centrocampista de aquel CUC Villalba- le conocía personalmente”.
Tras dos jornadas de suplente, Campillo se hizo con la titularidad y se erigió en el factor más desequilibrante de aquel memorable CUC Villalba de David Gordo, hoy seleccionador español sub-17 y ayudante de Santi Denia en la sub-19. Lo hizo formando parte de un frente de ataque que contaba con futbolistas como el propio Manu, Álvaro –máximo realizador- o Alberto Losa, el héroe del ascenso desde Preferente. Los cuatro salieron a una media aproximada de diez goles por barba.
Campillo marcó ocho tantos, aportó un sustancial número de asistencias, pero su peso en aquel equipo iba más allá de los números. Manu Millán abunda ese análisis: “Campillo no es un jugador de grandes estadísticas, pero su incidencia en el juego es muy grande. Atraía a los jugadores, creaba muchos espacios, y sobre todo Alvarito lo aprovechó mucho. Diría que es un jugador muy dinámico, que se mueve mucho, y con una visión de juego muy grande para filtrar últimos pases, capaz de dejarte solo delante del portero”.
Ese potencial ofensivo, soportado por un centro del campo de gran calidad, con Olmedo, Iván Matas y Guille Fernández, más una defensa versátil, con centrales como Rubén Muñoz, Guille Dorado, o los laterales Chema Badía y Bielza, hicieron del Villalba un sólido líder de Tercera División, su techo histórico. Hasta que en la penúltima jornada, ya sin David Gordo -fichado semanas antes por la selección española como preparador físico- y con Mario Rivera en el banquillo, tocó una durísima defensa del liderato ante el Trival Valderas.

Las más de mil personas que abarrotaron la Ciudad Deportiva asistieron a la última exhibición de Campillo, motor de la remontada del tanto inicial de Palacios para el 0-1. El habilísimo 10 amarillo forzó un penalti no pitado, transformó otro para colocar el empate y tiró del carro en un duelo de altísimo nivel, con todo un playoff en juego. Sólo la fatalidad impidió su coronación como héroe absoluto. Ocurrió en el minuto 95, cuando estrelló en el travesaño el penalti que muy probablemente hubiese valido el título, puesto que el Villalba hubiera entrado en la última jornada dependiendo de sí mismo para rematar el Campeonato en el campo del Santa Ana, con sólo igualar el resultado del Puerta Bonita.
Un penalti de Campeonato
La pena máxima se pitó en el minuto 90 y se tiró cinco minutos después, a causa de la expulsión del portero, David Flores. Campillo asumió la responsabilidad, soportó la tensión del momento con madurez, y chutó con decisión, duro y al medio, venciendo al portero.Pero el balón fue escupido por el larguero. Cuestión de un par de centímetros. El árbitro pitó el final y Campillo lloró desconsolado en la pista de atletismo, rodeado de compañeros que ya no sabían cómo animarlo.
Su gran partido se quedó sin la guinda de ser el héroe absoluto de todo un título de Liga nacional, que hubiese significado la clasificación para la Copa del Rey, la entrada en playoff con dos oportunidades de ascenso a Segunda B y 25.000 euros para las arcas del club. “Campillo no era el encargado de tirar los penaltis, era Álvaro, que por eso acabó como máximo goleador. El día del Trival los tiró porque él asumió la responsabilidad. Metió el primero y tiró bien el segundo, pero fue al larguero. Mala suerte”, recuerda Manu.
El excapitán mantiene un contacto fluido con todos sus compañeros de entonces a través de un grupo de whatsapp que permanece inalterable en el tiempo, además del típico contacto en redes sociales. El día de la retirada contribuyó a restar dramatismo con una broma recurrente de la época, rescatada vía Twitter: “Fue un lujo jugar contigo, a pesar de no verte nunca desmarcado. Se cierra una etapa, pero te esperan muchas metas y objetivos por conseguir”. El capitán aclara que “teníamos esa broma, porque él decía que siempre estaba solo y que no le pasábamos el balón. Su retirada es una noticia muy triste, porque le quedaban años por delante, pero hablando con él ves que está muy agradecido y dice que el fútbol le ha regalado muchas cosas”. Entre ellas, el corazón de la afición de un CUC Villalba que ya trabaja para poder realizar un homenaje a la altura de una de las piezas básicas de su equipo más memorable.
Jaime Fresno
