Tribuna abierta.- “La alarmante pérdida de atención de nuestros jóvenes”

En la universidad, donde convivimos cada día con nuestros alumnos, vemos con preocupación cómo la capacidad de atención de nuestros alumnos se erosiona a una velocidad que hace solo diez años nos habría parecido impensable.

Escribo estas líneas como consecuencia del miedo que me provoca el abandono de la atención por parte de los jóvenes. La incapacidad para sostenerla más allá de unos minutos es abrumadora y casi generalizada. Me temo que el fenómeno no es exclusivo de los jóvenes, se extiende a niños y mayores, pero en este articulo reflexiono sobre los jóvenes y el impacto de esta pérdida en su vida universitaria.

Uno de los motivos de la falta de atención en clase, sin duda, es el uso continuado de las redes sociales. Los algoritmos que permiten a esas plataformas identificar nuestras preferencias y retroalimentarse hacen que su poder de atracción sea cada vez mayor. La inmediatez de los contenidos es su arma.

La neuroplasticidad nos recuerda que el cerebro se adapta a aquello que repetimos una y otra vez; serán psiquiatras y psicólogos quienes determinen hasta qué punto este uso intensivo de redes está detrás de la ansiedad, la depresión o la baja autoestima que tantos menores refieren hoy. Pero mientras ese debate científico avanza, lo que quienes damos clase vemos día a día es algo muy concreto: una creciente incapacidad para mantener la atención en una explicación, en un texto o incluso en una simple conversación.

Predicar con el ejemplo

En este contexto, en España se tramita una ley para la protección de menores en entornos digitales que prevé elevar a 16 años la edad mínima para abrir una cuenta en redes sociales y obligar a incorporar sistemas de control parental. Y, siendo pasos importantes, son quizá insuficientes si no abordamos también otro aspecto clave: el compromiso de las familias.

Hemos de predicar con el ejemplo: hace falta reservar en casa tiempos y espacios libres de pantallas, donde todavía haya lugar para un libro, una conversación sin prisas o simplemente el derecho a aburrirse. No podemos delegar toda la educación digital en una ley ni decir a nuestros hijos que han de leer mientras nosotros mismos abusamos del uso del móvil. De lo contrario, seguiremos contemplando, impotentes, cómo nuestros jóvenes pierden algo tan esencial como su capacidad de atención. Me temo que el efecto a medio y largo plazo de esa pérdida será catastrófico.

Daniel Palmero Llamas (Moralzarzal) | Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid

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