Galapagar entrega los premios del XI Concurso de Microrrelatos contra la violencia de género
El Ayuntamiento de Galapagar ha dado a conocer el fallo del jurado del XI Concurso de Microrrelatos contra la violencia de género, una iniciativa que busca fomentar la reflexión y la sensibilización a través de la creación literaria.
En esta edición, los galardones han recaído en dos autores. Por un lado, Carlos A. Serrano Redondo ha sido reconocido con el premio al mejor microrrelato en categoría de adultos por su obra Cansada de guardar secretos. Por otro, David Rivas Fernández ha obtenido el premio al mejor microrrelato galapagueño por Olivia.

El acto de entrega de premios contó con la presencia de participantes y finalistas, así como de la concejal de Cultura, Paloma Lorenzo, y la concejal de Servicios Sociales, Encarna Ibáñez, junto con personal del Punto de Violencia y de la Biblioteca Ricardo León, entidades organizadoras del certamen.
Este concurso utiliza la literatura como herramienta para visibilizar y reflexionar sobre la violencia de género, implicando a la ciudadanía en la construcción de una sociedad más consciente y comprometida.
Los textos ganadores:
Cansada de guardar secretos
Dejó de ser invisible cuando la casa, cansada de guardar secretos, empezó a crujir su nombre.
Él creyó que era el viento, pero era su fuerza abriéndose paso entre las grietas.
Una mañana, mientras él dormía su furia, ella recogió los pedazos de sí misma que había escondido por miedo. Cada fragmento recuperado brillaba más que el anterior.
Al cruzar el umbral, la calle se llenó de luz, como si reconociera su renacer.
No huyó: ascendió.
Y entendió que sobrevivir es un acto, pero recuperarse es una conquista.
Olivia
Me llamo Olivia y creo en las hadas que me rozan el aire. Danzan conmigo en la dicha y en la pena, guardan llaves de luz para mis grietas. Pero el mundo se vuelve noche cuando el amor pesa como yugo y la voz se encoge. Las hadas murmuran consuelos, no rompen hierros. La casa sangra astillas, el jardín aprende el miedo. Al nombrar lo innombrable, dejo de ser invisible. Y entiendo: los cuentos habitan el papel. La realidad, más honda y cruel, reclama vigilia, escucha y manos que se unan para detener la violencia de género.
