CUC Villalba: un año de la liquidación más fría y cruel
Allá por los primeros años setenta, corría un aire fresco de emprendimiento en el fútbol de Collado Villalba: un grupo de entusiastas, casi todos ellos antiguos jugadores, había decidido unir los clubes del Pueblo y de la Estación venciendo una rivalidad enconada, y el último alcalde predemocrático, José San Martín Ca, había impulsado la construcción del mayor campo de fútbol por superficie de juego de la provincia, vallado como mandaban los cánones y, por tanto, apto para las competiciones oficiales.
Atrás quedaban décadas y décadas de fútbol jugado en campos prácticamente improvisados, como el de Cantalejo, en la calle Serafín Gómez Bonilla, o el de las inmediaciones del cementerio municipal, y el romanticismo de una larga historia escrita por clubes como el Ni fu-ni fa, el Viñas, el Independiente, el Torpedo, el equipo de la fábrica de MADE, o aquel Avance de Villalba Pueblo que no pudo ser inscrito como tal por coincidir en nombre con el histórico Avance de Alcalá de Henares, más antiguo y, por tanto, con preferencia en el registro federativo.
Nacía pues la Unión Deportiva Collado Villalba, como resultado del trabajo de esos entusiastas que, en no pocos casos, eran también la clave de bóveda en la construcción social de un pueblo llamado a ser ciudad: ‘Pepín el del Estanco’, Mariano Martín Torrejón, Santiago Granado, Julio García, José María Díaz Léndez, Rafael Carrera, Marcelo ‘El Titi’, Pedro Antonio Martín Marín, que luego fue Secretario de Estado para el Deporte, y también figura clave en la expansión del baloncesto local… Y junto a ellos, más personas dispuestas a poner sus medios y su dinero para que Collado Villalba recorriese el extenso mapa del fútbol castellano, preferentemente por Ávila y Segovia, con jugadores hacinados en furgonetas prestadas del propio trabajo diario, para jugar en campos de tierra cortante y sin vestuarios…

Desde entonces, años 1972 y 1973, aquella Unión Deportiva, redefinida en 1992 como Club Unión Collado Villalba, escribió casi 53 años de historia repartidos entre la antigua Federación Castellana de Fútbol y la actual Federación Madrileña, fundada en 1987. Y en ese medio siglo largo, jugó 1.808 partidos oficiales, sumó 2.025 puntos a través de 705 victorias y 422 empates, marcó 2.580 goles e hizo suyo, hasta la fecha, el récord en la Sierra de haber ganado 112 partidos en categoría nacional a lo largo de once temporadas entre la Tercera División, cuarto escalón del fútbol español, y la novedosa Tercera RFEF, quinto peldaño, tras la reestructuración.
Pero todo ello se convirtió en humo de la historia un 19 de junio de 2025, a unos 25 kilómetros de Collado Villalba, en una sala del Cerro del Espino de Majadahonda, donde un reducido y ‘selecto’ grupo de socios, ajenos a todo ese bagaje, alzaron la mano para votar por unanimidad la fusión por absorción del CUC Villalba por parte del Atlético de Madrid. No cupo más frialdad en el tiro de gracia: no hubo villalbinos votando, no hubo debate ni oposición alguna. Y los nombres citados como pioneros o bien ya habían muerto, o bien su reloj vital ya había dicho basta. Fue una liquidación rápida y fría, ejecutada sobre una sociedad deportiva con 29 equipos federados y unos 420 jugadores, con el Atlético de Madrid aprovechando tanto el carácter mercader de la última directiva del Club Unión, como la fórmula que utilizan los equipos grandes para conseguir jugosas plazas en el fútbol nacional: la fusión por absorción.

Quería el club colchonero refundar el Atlético de Madrid C, y para ello siguió el camino que, por ejemplo, ya había seguido el Real Madrid con el CD Tacón para poder salir en la Liga Femenina. Una fórmula tan legal como ya asumida en el fútbol español, donde las estructuras con centenares de futbolistas de cantera son piezas de caza mayor y acaban siendo abatidas si no están sustentadas en pilares tan fundamentales como una gestión autónoma y solvente, y un apoyo social e institucional consecuente con la representatividad del club. Sobre esto último, el CUC Villalba llevaba años en caída libre, con su masa social en mínimos y un apoyo del Ayuntamiento más testimonial que otra cosa, por no hablar del ninguneo constante a toda la historia referida, a través de una asepsia tan injusta como absurda a la hora de valorarla.
Mucho antes del día de autos, 19 de junio de 2025, la directiva liquidadora, encabezada por el empresario italiano, Piero Capponi, y su director general, Miguel Ángel Jiménez, ya habían tomado cumplida nota de todo ello y andaban, como vulgarmente se dice, ‘de recogida’; es decir, buscando una salida consecuente con su espíritu mercantil, a base de convenios de filialidad, primero con el Rayo Majadahonda y luego con el Atlético de Madrid.
El primero, una pifia deportiva en toda regla, finalmente salvada por el famoso gol de Etienne Eto’o al Real Madrid C, tuvo al menos el componente positivo de sanear las cuentas del club, al menos según los datos que se hicieron oficiales; pero el segundo acabó en la venta definitiva, tras meses de desencuentros con un Ayuntamiento incapaz de comprender que ir más allá de la negativa al proyecto pergeñado por el Atlético de Madrid, a base de chocar frontalmente con la directiva que le hacía las veces de interlocutor, entrañaba el peligro de perder al club deportivo más antiguo en su área de gestión.

Ninguna de las partes protegió el patrimonio deportivo, social y sentimental que representaba el CUC Villalba: Piero Capponi y Miguel Ángel Jiménez, que en sus primeros tiempos habían tratado de respetarlo, ya se habían echado al monte, probablemente a cambio del dinero del Atlético de Madrid cuya cifra nunca trascendió, bajo el escudo de la Ley de Protección de Datos que, supuestamente, la protegía en un contrato que nadie conoció, salvo los protagonistas; y el Ayuntamiento, en una “lavada de manos” al más puro estilo de Poncio Pilatos, pasó rápidamente la página sin una palabra de cariño hacia el patrimonio perdido, e impulsó una especie de subasta de nuevos proyectos en el mismo salón de Plenos. Para su suerte, el germen futbolístico ganado a través de tanta historia ninguneada estaba ahí, y dos de ellos, el CF Collado Villalba y la nueva Unión Deportiva Villalba -sin el “Collado”, para evitar duplicidades en el registro federativo-, tomaron el relevo, como no podía ser de otro modo en una localidad con más de 1.300 fichas federadas, y un potencial por más del doble.
Un año después la vieja historia del Unión Collado Villalba se va diluyendo, a la par que ha ido despareciendo su entrañable legado humano. Aquellos pioneros, Julio, Carrera, Santiago, Titi, Palacios, Portu, Germán, o Díaz Léndez, el último en morir, han ido desapareciendo en una secuencia prácticamente paralela a la caída de su obra. Un año después, ni siquiera se sabe nada oficial sobre el destino que corrieron o van a correr los trofeos, la documentación, las actas, los archivos de medio siglo de una historia escrita con sudor, entrega, alegrías y lágrimas que, si merecía un final, no era desde luego éste, frío y cruel, sólo con el lamento cada vez más sofocado de los pocos incondicionales que se han reenganchado al nuevo fútbol villalbino, ahora ya en Primera y Segunda de Aficionados. Una vuelta a la casilla inicial por no saber, o no querer, tirar bien los dados.
Jaime Fresno
