El CUC Villalba le toma prestada la épica al Madrid para firmar otra salvación agónica (2-1)

Los villalbinos estuvieron 80 minutos descendidos a Preferente, hasta que culminaron su remontada al Real Madrid C con tantos de Velasco y Etienne Etoo, cuyo gol para el 2-1 en el minuto 87 desató la locura colectiva en la Ciudad Deportiva.

El CUC Villalba lo volvió a hacer, esta vez con un grupo de chicos cuya media de edad de 21,4 años echó abajo cualquier prejuicio sobre que la juventud no soporta la presión. Y había mucha en la jornada final en Tercera RFEF, con horario unificado, propicio para los transistores, y dos equipos, Rayo Vallecano B y Villanueva del Pardillo, a la espera de su más que probable fallo ante el campeón de Liga.

Pero a la hora de la verdad, la muchachada que dirige David Bohega ejecutó a la perfección su plan y acabó reproduciendo el escenario épico del año pasado ante Las Rozas, remontando el 0-1 del Real Madrid C en un final de partido en el que pareció entrar en trance, como si le hubiera tomado prestada la épica europea al club merengue, que a esas horas pasaba por el Ayuntamiento de la capital ofreciendo a Madrid su título de Liga. Cuando marcó Etienne Etoo, 15 goles en Liga, cuatro en el tramo decisivo, mucha gente lloró, incluido el ariete mallorquín, atrapado contra la pista de atletismo por los abrazos de sus compañeros, en medio de la locura que se desató en el minuto 87.

Celebración tras el gol de Etienne Etoo que daba la salvación al CUC Villalba / Fotografías: CUC Villalba
Celebración tras el gol de Etienne Etoo que daba la salvación al CUC Villalba / Fotografías: CUC Villalba

El CUC Villalba había sido carne de Preferente en los 80 minutos anteriores, desde que Alberto Cuéllar adelantó al Rayo Vallecano B en su partido ante el Canillas. Por eso, en ese momento, el gol de Etienne provocó un terremoto en Tercera que devoró al que menos se esperaba, la AD Parla, el equipo que afrontaba la jornada con dos puntos de colchón. Ese drama en Los Prados contrastó de forma brutal con lo que se vivió en Villalba, donde el guión pareció seguir las directrices de esas películas en las que el villano tiene al borde de la muerte al superhéroe y éste da la vuelta al film con un giro inverosímil. Un Villalba con duende, capaz de compensar meses de penurias con una descarga brutal de épica. Un Villalba que no ha atendido a pronóstico alguno desde los orígenes del proyecto, ni para mal ni para bien.

El CUC Villalba jugará por tercera temporada consecutiva en categoría nacional tras consumar una gran remontada hacia la permanencia de la mano de David Bohega: hace dos meses llegó a estar a ocho puntos de la salvación, después de caer en el derbi ante el Galapagar

El final resumió lo que ha sido este equipo de excepción, por su condición de filial del Rayo Majadahonda, un proyecto que parecía condenado al fracaso más absoluto hace dos meses, con la salvación a ocho puntos y el mazazo moral de la derrota en el derbi serrano ante el Galapagar a cuestas, con la institución en la picota por los incidentes, con la peña de animación Grada 12 señalada y expulsada por ello, y un descenso prácticamente presupuestado. Una situación que sólo ha podido ser revertida desde un vestuario a prueba de bombas, con futbolistas que han destrozado en mil pedazos la creencia general de que jugaban en Villalba sin apego a la camiseta, pensando única y exclusivamente en su proyección personal. Nada más lejos: en cada entrevista, en cada comentario, el tono con el que valoraban cada partido era del máximo compromiso.

Hasta que este domingo, consumado el objetivo, la realidad de todo explotó como una bomba de neutrones: Álex Krehl fue un forofo más, abrazado y zarandeado por los seguidores, desatado; Raúl Rabadán, prácticamente un recién llegado, regaló su camiseta a un aficionado, sin reparar en que lo más probable es que le descuenten el importe de su pequeña nómina; y Etienne Etoo, que escaló la grada para abrazar a su gente sin tiempo que perder, se pronunció en términos entre lo pasional y lo bélico, como si fuera su vida la que estaba en juego: “Álex es todo corazón, lo ha dado todo; cuando he visto salir su pase me he dicho que o lo metía o me rompía la pierna. He ido con el alma y he podido meterlo, gracias a Dios”.

Todo fue una colosal descarga de adrenalina, a la que no escapó David Bohega, el entrenador al que el Rayo Majadahonda sacó del juvenil B para apagar el fuego. El técnico, que había llevado a ese equipo del descenso hasta el segundo puesto, ha terminado haciendo el más difícil todavía: “La clave ha sido creer, saber asimilar la derrota, saber que no te pueden hacer perder las emociones ante la frustración de no ganar, asimilar las derrotas y saber por qué suceden… Corregir, no dudar de ellos… Ha sido sólo la segunda vuelta, pero hemos invertido muchas horas, nunca hemos dejado de creer, hemos tomado decisiones que a veces no gustan, pero siempre en beneficio del colectivo. Hemos mantenido la cabeza fría cuando las cosas no han ido bien, y no hemos caído en la euforia cuando sí lo han hecho. Nos costó un poquito que lo asimilaran, pero afortunadamente hemos llegado al final con la gasolina suficiente para poder depender de nosotros. Ni eran tan malos antes, ni ahora son unos fenómenos. Son chicos que han ganado en carácter, autoconfianza, en calidad y en experiencia en situaciones duras. Hemos intentado poner esa calma, sobre todo ordenar y poner nuestro trabajo a disposición de ellos para poder sacar lo mejor”.

Bohega estaba emocionado. Queda libre, sin trabajo a la vista, a la espera de una llamada acorde con el gran trabajo desempeñado en su doble función. Salió de la Ciudad Deportiva con el mismo paso tranquilo de su predecesor en tareas de salvación, Walter Caprile, sólo que sin chupar mate, como el uruguayo. A su espalda seguía la fiesta, tras una mañana para los anales.

Contención en la primera parte

El CUC Villalba se jugó su futuro en Tercera ante un Real Madrid C con su armazón muy cambiado respecto al bloque campeón de Liga, sin su máximo artillero, Esteban Aparicio, con Borja Alonso en el banquillo, y varios juveniles a prueba de cara a su salto a Segunda RFEF. En cualquier caso, un rival dotado con la mejor calidad del Grupo VII, temible en términos de precisión. Sobre ella, el filial de Pau Quesada construyó su dominio territorial de la primera parte, y el CUC Villalba, igual que en Móstoles, asumió que no podía echarse al monte, al menos de salida. David Bohega, en ausencia de David Fernández, se blindó en el medio centrando la posición del recuperado Cova, descolgó a Konaté para ayudar arriba a Etienne, y mantuvo un bloque medio-bajo dispuesto para el robo y contragolpe, guardando balas como Álvaro Batán, Ot Remolins o Álex Krehl.

Ante ello, el Madrid opuso cierto aire contemporizador, exhibiendo calidad, pero sin complementarla demasiado en los duelos, como si tratara de ganar sin tirar de acelerador. Sólo su banda izquierda, con el doble motor de Manu Serrano y Manu Márquez, exigió algo de los defensas villalbinos, mientras en el otro lado, el Villalba se aproximó en un cabezazo fuera de Chamón y en una internada de Konaté, mal resuelta por el maliense, con un tiro flojo a las manos de Guillermo Súnico.

El verdadero fuego real no apareció hasta los últimos minutos de la primera parte, cuando a Sergio Sousa le sacaron su remate casi a bocajarro en el área chica, y Carlos Pantoja salió triunfal de un mano a mano con Álex Alemán.

Aficionados villalbinos, celebrando la épica victoria ante el Real Madrid C / Fotografías: CUC Villalba

0-1 y remontada

En ese momento, el CUC Villalba llevaba ya un largo rato en Preferente, con los goles de Alberto Cuéllar para el Rayo Vallecano B, y la sensación de que el Madrid podría pisar el acelerador en cualquier momento. Pareció hacerlo tras el descanso, cuando Pau Quesada echó mano de dos habituales, Romera y David Ruiz, y el Madrid se metió aún más en campo del Villalba. A los seis minutos, Carvajal estrelló contra un defensa un disparo con marchamo de gol, y esa acción fue el preludio del 0-1, que llegó con un disparo de precisión cirujana de Mesonero, abrochado de zurda y ajustado al palo largo de Pantoja.

El gol sacudió el partido para bien del CUC Villalba, que empezó a revolucionarse a partir de la entrada de Álex Krehl. Casi de inmediato, Etienne Etoo y Velasco dispusieron de una doble ocasión clamorosa para el empate, al tiempo que Cova, reaparecido tras cuatro partidos de sanción, se prodigaba cada vez más en ataque. En una de sus incursiones, el venezolano dejó atrás a cuantos jugadores le salieron al paso, pero alcanzó la posición de remate sin la calma necesaria para ajustar su disparo, que le salió demasiado cruzado.

Con el partido ya rediseñado para la carga amarilla, Álex Krehl probó a Súnico, con un disparo que el portero desvió a córner, y desde allí Jaime Heras puso el balón del empate, que llegó franco en el segundo palo a Velasco, tras un primer intento de remate de cabeza de Etienne. El gol metió a la Ciudad Deportiva encima del Madrid, con ese ambiente excepcional que sólo muestra en las grandes ocasiones, máxime si el agua pasa del cuello. Viéndolo, David Bohega terminó de llevar al equipo a su versión más afilada, cambiando a toda la línea de tres cuartos: quitó de un plumazo a Velasco, Roman y Cova, y metió a Pablo Montero, Ot Remolins y Álvaro Batán.

Con su frescura, el CUC Villalba inclinó definitivamente el partido a su favor y siguió con paso muy firme su camino hacia la remontada, que acabó llegando en una gran jugada: Ot Remolins rebañó un balón en campo propio, batió la primera línea del Madrid en conducción, y descargó sobre la pradera libre que se abría en la banda de izquierda de  Álex Krehl. El estadounidense, encendido como pocos, fue ganando metros, fijado por un marcador que le dejó ganar el área sin entrar al trapo, quizá esperando la ayuda y, una vez dentro, se abrió a la línea de fondo para sacar el pase letal hacia Etienne Etoo Pineda, quien, encimado por los centrales, se anticipó con una maniobra felina para estampar en la red el 2-1.

Con él llegó una especie de éxtasis contenido, por la incertidumbre del largo tiempo añadido, que dio paso a la explosión final. El CUC Villalba cantó victoria y subió a la grada a fundirse con la afición. El día soñado, tras tantos meses entre la angustia y la desesperación. El día de la liberación total.

Parla y Villanueva del Pardillo cayeron a Preferente en la jornada final, en la que se salvó el Rayo Vallecano B con su victoria ante el Canillas (2-1)

Fotografías: CUC Villalba

CUC VILLALBA: Carlos Pantoja; Raúl Rabadán (Álex Krehl, 57’), Sergio Sousa, Dani Munguía, Jaime Heras; Cova (Álvaro Batán, 75’); Velasco (Pablo Montero, 75’), Chamón, Roman (Ot Remolins, 75’), Konaté (Panadero, 89’); y Etienne Etoo.

REAL MADRID C: Guillermo Súnico; Ferrán Ruiz, Juan Rodríguez, Ribes, Manu Serrano (Romera, 46’); Fernando, Carlos (David Ruiz, 46’), Carvajal; Mesonero (Borja Alonso, 70’), Álex Alemán (Pol Fortuny, 47’) y Manu Márquez (David Jiménez, 78’).

ÁRBITRO: David Sánchez Jiménez. Tarjetas amarillas a los villalbinos Konaté, Pablo Montero y Rabadán, y al madridista, Carlos.

GOLES: 0-1, Mesonero (54’). 1-1, Velasco (66’). 2-1, Etienne Etoo Pineda (87’).

INCIDENCIAS: Partido de la 34ª y última jornada en el Grupo VII de Tercera RFEF, con unos 600 espectadores en la Ciudad Deportiva -menos de lo esperado-, en mañana soleada y agradable. Ausencia de responsables municipales en el palco. El CUC Villalba hizo pasillo al Real Madrid C, por su condición de campeón de Liga.

Jaime Fresno