Muere José María Díaz Léndez, el presidente del primer ascenso a Tercera División del Unión Collado Villalba y referente social en la localidad
El histórico dirigente, fallecido este jueves en el Hospital General de Villalba a los 84 años, era el último representante de la estirpe de directivos altruistas que consagraron su vida al desarrollo del fútbol villalbino.
José María Díaz Léndez falleció este jueves, 16 de abril, en el Hospital General de Villalba a los 84 años. Era el último representante de la estirpe de directivos que, de forma altruista y desde un trabajo abnegado, contribuyeron al desarrollo del fútbol en Collado Villalba prácticamente desde mediados del siglo pasado y, sobre todo, figura recordada por ser el presidente del primer ascenso a Tercera División del Unión Collado Villalba, el club al que consagró su vida desde 1972, año en el que fue pieza indispensable de su fundación.

La noticia de su fallecimiento ha causado un gran impacto a todas las escalas en Collado Villalba, la localidad donde nació el 24 de mayo de 1941, y donde era toda una personalidad a nivel social, como miembro de una extensa familia muy conocida, por regentar durante décadas uno de los comercios más emblemáticos del barrio de La Estación, la tienda de papeles pintados que da entrada al callejón del bar “La Cueva”, y por su capacidad innata como relaciones públicas, con vínculos con la práctica totalidad de las personalidades que han venido labrando la idiosincrasia del pueblo, sea a nivel social, comercial, deportivo o político.

Dotado de una memoria y capacidad de análisis fuera de lo común, José María Díaz Léndez combinó el legado documental y testimonial, fruto de esas relaciones, con sus propias experiencias, para erigirse, quizás sin pretenderlo, en una fuente inagotable de información sobre la historia general de Collado Villalba, y del fútbol en particular, que era recurrentemente consultada. Cuando lo hacía, sus aportaciones no se ceñían a la asepsia de fechas y estadísticas, sino a la esencia misma que explicaba el por qué ocurrían las cosas, y a la descripción pretendidamente objetiva de los personajes, a partir de un relato de hechos consumados con el que casi siempre lograba ascendencia sobre sus interlocutores.

Esa personalidad, arrolladora por honesta, franca y consecuente con sus ideas, la sacó a relucir en el verano de 1996, cuando dimitió como presidente del CUC Villalba días después del histórico ascenso de El Álamo, tras comprobar que el Ayuntamiento de Collado Villalba no sólo había ahogado económicamente al club, al negarle la subvención estipulada en plena carrera por el objetivo, sino que además promocionaba un candidato a la Presidencia afín para sucederle.

Díaz Léndez se fue en la cima, con Collado Villalba por primera vez en el fútbol nacional y con un equipo enraizado en el pueblo, capaz de sacar a la calle a miles de personas para celebrar el éxito. Nunca más volvió al club con un cargo de responsabilidad, y en los treinta años transcurridos restringió su labor a ayudar desde fuera, con rifas, venta de lotería, confección y pegado de carteles, y a tareas de asesoría a las directivas que fueron desfilando en los treinta años posteriores.
Algunas le vieron como un enemigo externo a eliminar del entorno, por contravenir sus políticas de gestión, y otras como lo que en realidad fue: una figura histórica a cuidar. Fue nombrado Socio de Honor, junto a su inseparable amigo y compañero de fatigas, Santiago Granado, y juntos portaron la llama del CUC Villalba hasta que las fuerzas les fueron abandonando.

La muerte de Santiago, sumada a la de inolvidables compañeros de aquel CUC Villalba, como Luciano Palacios, ‘Portu’, Julio García, Rafael Carrera, Germán Ramos, o Ángel ‘Gaseosas’, supuso un golpe vital muy fuerte, agravado de forma casi simultánea por la venta del CUC Villalba al Atlético de Madrid, de la que se va a cumplir un año.
Con todo, su amor por el fútbol aún le permitió ilusionarse con los nuevos proyectos futbolísticos de Collado Villalba, siguiendo en directo los partidos de la Unión Deportiva Villalba, el equipo que consideraba como heredero del extinto Club Unión, y manteniendo una estrecha relación con el CF Collado Villalba a través de sus dos almas máter, Antonio Tudela y Rafita, este último su jugador fetiche, como héroe goleador de aquella tarde de gloria en El Álamo.
Díaz Léndez siempre consideró a ambos como el relevo natural de la generación de directivos pioneros a los que representaba, pero las circunstancias lo impidieron, al menos dentro del CUC Villalba. A cambio, el histórico presidente tuvo la satisfacción de recibir el emotivo homenaje del 31 de mayo del pasado año, con el que el CF Collado Villalba hizo justicia con el legado de José María y sus compañeros, con Tudela y Rafita de promotores.
Aquel acto fue en una tarde en la que ya se sabía de la liquidación del CUC Villalba, y del tremendo golpe anímico que ello supuso para José María. El ‘presi’, como aún hoy le llaman sus jugadores en aquel ascenso de Él Álamo, quizá no era consciente al recoger la placa conmemorativa que la esencia del club aún estaba ahí, gracias a él. Pepe Díaz, amigo y técnico de aquella época, acertó a expresarlo nada más conocer su adiós: “Ahora sí doy por desaparecido al CUC Villalba”.
Jaime Fresno
