Blecker y Cano: la nueva pareja de la novela negra es de San Lorenzo de El Escorial

"Vas a ser la Donna Leon de El Escorial", señala una mujer que se acerca a la mesa en un momento de la entrevista con Teresa Cardona, mientras la escritora de "Los dos lados" (Ediciones Siruela) habla de las claves de esta recién estrenada saga policiaca protagonizada por dos guardias civiles.

Como Donna Leon y Venecia, Jean Luc Bannelec y la Bretaña o Dolores Redondo y el Valle del Baztán, Teresa Cardona (Madrid, 1973) y San Lorenzo de El Escorial están llamados a formar un tándem de éxito en el género de la novela negra. Anteriormente había publicado en Francia junto a Eric Damien “Un travail à finir” y “Terres brûlées”, bajo el pseudónimo de Eric Todenne, debutando ahora en español con “Los dos lados” (Ediciones Siruela), la primera entrega de las andanzas de la teniente Karen Blecker -recién llegada de la Europol- y el gurriato brigada José Luis Cano. Una investigación absorbente y una pregunta que vertebra todo su desarrollo: ¿De qué lado están la verdad y la justicia?

Después de publicar en Francia, también dentro del género policiaco, ¿qué te lleva a debutar en solitario y en español con “Los dos lados”?

En Francia publicaba con Eric Damien. A dos cerebros y cuatro manos. Es súper agradable escribir así, porque tienes un compañero de asesinato, por así decirlo, que conoce los personajes y les coge cariño como tú, pero también es mucho más lento que hacerlo sola. Entre un libro de los franceses y el segundo, empecé a escribir sola y me di cuenta de lo rápido que iba, porque al final el español es mi idioma. También tienes mucha más independencia, porque con Eric a veces nos peleábamos por las cosas que podía hacer o no un personaje, lo cual no significa que diga que no al tercero en Francia. Lo que pasa es que ahora sale el segundo de Blecker y Cano en octubre, y se supone que tiene que haber un tercero para el año que viene.

¿Tenías claro desde el principio que la trama se iba a desarrollar en San Lorenzo de El Escorial?

Sí, tenía que ser San Lorenzo. Y por eso tenían que ser guardias civiles. Pensé que tenía que ser un sitio que conociera bien para no meter demasiado la pata, y conocía San Lorenzo mucho mejor de lo que conozco Madrid, por ejemplo, además de que me divierten los sitios más pequeños.

La escritora Teresa Cardona, en una terraza de la calle Floridablanca / Fotografía: Rafael Herrero

En la novela se mezclan dos épocas, una a finales de los 80 y otra más actual… ¿Tú idea era jugar con esas dos historias o primero tenías una y luego surge la otra?

Sí, efectivamente es algo que también utilicé en Francia. En el primer libro con la guerra de Argelia, y en el segundo, “Tierras quemadas”, en los años de las guerras francoalemanas del siglo XX y de finales del XIX. Me gusta esa idea de que el lector vaya viendo el pasado de verdad y que no sea solo una sorpresa al final.

En este caso, esos años ochenta de los veraneantes en San Lorenzo coinciden con la época de los años más duros del terrorismo de ETA y también con la actividad de los GAL. ¿Encaja esto con esa idea de tomarse la justicia por su mano que sobrevuela en el libro?

Es uno de los ejes. Hubo un caso en Alemania que que dividió a la población que también me inspiró para esta obra. Fue un caso llamémoslo gris, en el que había que mirar los dos lados para darte cuenta de que todos esos principios que te parecen siempre válidos, a lo mejor en algún caso puede que no sean tan fáciles de mantener. Espero que esa sea un poco la marca de mis libros: que el mundo no es blanco ni negro, sino que tiene mucho gris. Y por eso me divierte tanto la imagen del Monasterio, porque parece muy recto y que todo es perfectamente cuadriculado, pero en el momento en que te acercas ves que la piedra no es completamente lisa, sino que tiene una rugosidad. Siempre hay algo que no es tan exacto como nos parece.

En la novela nos encontramos con que la teniente protagonista de la investigación ha vuelto de La Haya, en los Países Bajos, mientras que tú regresas desde Alemania… ¿Hay algo de ti en Karen Blecker?

Sí, yo creo que todos nuestros comisarios tienen algo de los escritores, por mucho que digamos que no. Con Karen Blecker ocurre en cierto modo lo que me ha pasado a mí: siempre he sido un poco extranjera en todas partes. Mi padre es alemán, así que cuando era pequeña en España yo, con mi apellido alemán, era la extranjera; después, cuando llegué a Alemania, era la española; y cuando empecé con el francés, también era extranjera. Por eso quizá me llaman la atención cuestiones culturales, que también aparecen en el libro y que pueden ser muy enriquecedoras, pero te das cuenta hasta qué punto en sitios tan cercanos como pueden ser Francia o España las diferencias culturales son importantes, y por eso también pensé en hacer de eso un motor de mi novela. Además de que si metía la mata en algún sitio, siempre alguien podrá decir que como soy medio extranjera se me puede perdonar (risas).

El brigado Cano aporta un contrapunto, y en este caso sin la tensión sexual que podemos encontrar en otras parejas policiacas…

Me parece estupendo que haya novelas en las que los investigadores se lían, como ocurre en la nuestra francesa. Aquí no me apetecía eso, y como siempre intento enseñar los dos lados, tengo también la bifrontalidad entre los dos: Karen es extranjera y heterosexual; mientras que Cano es de San Lorenzo y homosexual. Ella es más fría y él es más vehemente, más impulsivo.

Los códigos de la novela negra se mantienen o son distintos en Francia y España? Y los lectores, ¿crees que esperan situaciones diferentes?

El lector de policiaca normalmente es muy fiel y muy agradecido, y cuando encuentra una pareja que le cae bien, sigue con ellos. Es que incluso preguntan por ejemplo si sale un nuevo caso de Vila y Chamorro, ya no es casi ni siquiera el libro de Lorenzo Silva; o de Falcó, el de Pérez Reverte. En ese sentido, no creo que haya mucha diferencia entre los lectores franceses y españoles: a los dos les gusta la calidad y también reconocer los sitios en los que se desarrolla la trama, ya sean ciudades o pueblos. En Francia hay un escritor muy conocido, Jean Luc Bannalec, que escribe siempre sobre la Bretaña y ha tenido un éxito brutal. Luego los franceses van a Concarneau, recorren los escenarios, se sientan en el bar al que va este autor… Nosotros hicimos también un caso muy local, en un pueblo situado justo en la frontera con Alemania, en la parte de la Lorena, y le dimos un colorido muy del sitio, así que pudimos hablar de la heladería, del restaurante, de cómo fluye el río… Eso a la gente le engancha. Y en “Los dos lados” te encuentras con que toman un café en el Croché o La Horizontal, que compran en La Carpetana o que bajan la escalera de los Jardincillos, todo ese tipo de cosas.

¿Esa fidelidad de los lectores de la que hablabas crea como contrapartida una cierta esclavitud, una sensación de no poder fallarles?

Sí, en eso lo peor del todo es Agatha Christie, que al final tuvo que matar a Poirot, porque no le podía soportar más. Llegó un momento en que todo el mundo pedía Poirot, Poirot, Poirot… Y se cansó de Poirot. Yo por ejemplo me he negado rotundamente a leer “Telón”, que es el libro donde muere, porque no quería que lo hiciese. Pero bueno, yo todavía no he llegado a ese punto: Blecker y Cano están recién nacidos.

La cercanía que ofrece un pueblo como San Lorenzo juega un papel determinante…

La ventaja en un ecosistema más cerrado es que la resolución del crimen, cuando acabas de leerlo, viene principalmente por el diálogo. Al final se enteran de quién ha sido hablando con la gente del pueblo, y eso a mí parece muy realista, me divertía mucho.

¿Qué puedes avanzar del segundo libro de la saga?

La acción tiene lugar en invierno, así que es muy distinto. San Lorenzo está más vacío. Y el caso que investigan es un asesinato que ocurre aquí y que tiene que ver en parte con la Iglesia, pero que tiene conexiones con Madrid. Además, cronológicamente es el primero, es la llegada de ella. Y el tercero tendrá que ver con un caso que hubo en Alemania de una acusación a un hombre que después no quedó muy clara si era cierta o no, y que también dividió mucho a la población.

¿Esa reflexión sobre determinadas cuestiones morales es una seña de identidad en tus libros?

Sí, lo que más me gustaría es que después de un tiempo los lectores piensen que fue una novela que les hizo reflexionar y plantearse ciertas cosas que pensaban que eran de una manera y que al terminar podían ser de otra.

Vista del Club de Golf de La Herrería, uno de los escenarios que aparecen en la primera novela en español de Teresa Cardona

Un tour por los escenarios gurriatos de «Los dos lados»

Blecker y Cano frecuentan locales como Croché, La Horizontal o el Alaska

San Lorenzo de El Escorial se convierte en un protagonista más de “Los dos lados”, la primera novela de la saga protagonizada por la teniente Blecker y el brigada Cano, en un recorrido que va desde el Cuartel de la Guardia Civil a una de las casas del barrio de Abantos donde aparece el cuerpo de un hombre maniatado en el cuarto de calderas, muerto por deshidratación y con la vista fija en una botella de agua que cuelga del techo a la altura de sus ojos.

Las terrazas de Floridablanca -especialmente en su época de esplendor ochentero-, la gasolinera de Cepsa en la calle Juan de Toledo, los Jardincillos, la plaza de toros, el locutorio de Juan de Leyva o el Club de Golf de La Herrería son algunos de los escenarios que se suceden a lo largo de estas páginas, en un tour que también tiene paradas en locales como el Cafetín Croché, el Alaska o La Horizontal, y en establecimientos del centro como La Carpetana o Santi Peluqueros, en los que aparecen con sus nombres los propios dueños de los negocios.

San Lorenzo de El Escorial es el sitio más maravilloso que hay para situar cualquier libro, no sólo una novela negra. Es un pueblo asombroso porque es único: tiene el microcosmos del Monasterio, que es la cuna del arte, de la arquitectura, de la cultura… Es brutal, y además de eso disfruta de un clima maravilloso, una naturaleza excepcional y un pueblo que, a pesar del paso de los años, se ha mantenido vivo y genuino. Es el mejor decorado que puede haber para cualquier novela”, explica Teresa Cardona acerca del pueblo en el que veraneó con su familia durante años y al que ahora regresa en clave ‘noir’ de la mano de Blecker y Cano.

Enrique Peñas

 

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