“Antártida: el continente de los prodigios”, un libro para despertar en los niños su vocación científica

La Antártida es el lugar más remoto de la Tierra, pero se trata de un aislamiento ficticio. En realidad, todo lo que pasa en este continente -el más frío, más elevado y más seco- afecta al resto del planeta. Y viceversa. Esa una de las ideas que alimentaron el documental “Antártida: un mensaje de otro planeta” (2019), y que también aparece de nuevo en el libro infantil “Antártida: el continente de los prodigios” (Mosquito Books). El responsable de ambos proyectos es Mario Cuesta Hernando, vecino de El Escorial, donde hasta el parón por la pandemia impartía un curso de “Historia del Cine y apreciación cinematográfica”, en colaboración con la Biblioteca municipal, que ahora se ha reanudado online.

Este guionista, productor y periodista, que ha trabajado entre otros con Jesús Calleja en “desafío extremo”, además de participar en proyectos como “¡Hundidos!”, “El señor de los bosques” (La 2) o “Espíritu salvaje” (Cuatro), acaba de publicar este libro infantil que presenta como “una continuación del documental que produje y dirigí en 2019, que puede verse en España en Movistar+ y Filmin”. Un trabajo que ha sido seleccionado y finalista en festivales de cine de Noruega, Estados Unidos, Chile, Hungría, República Checa o España (hoy mismo se proyecta en Cineteca Madrid dentro del “Another Way FilmFest”), entre otros. Además, fue uno de los documentales que se proyectaron durante la celebración de la COP25 en Madrid.

El libro ilustrado infantil, explica, “es una idea original mía, y cuenta con mis textos, a partir de las experiencias que viví en la Antártida. Las ilustraciones son de Raquel Martín, una verdadera maravilla. La edición primorosa de Mosquito Books, en castellano y catalán, borda el conjunto”. Por eso, añade, ya se han vendido los derechos para su publicación en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda, Italia y se está ultimando la venta en China y Corea del Sur, contando con editoriales internacionales tan prestigiosas como Nathan, Electa Mondadori o Prestel Publishing.

Un viaje lleno de aventura y sorpresas

El libro narra un viaje al sexto continente, lleno de aventura y sorpresas. El objetivo es que los más pequeños (a partir de 6 años) “se enamoren de nuestro planeta y despierte en ellos su vocación científica”. Igualmente, Mario Cuesta -que antes ya había publicado “Por encima de mi cadáver” (Ediciones del Viento), un libro de no-ficción sobre Siria, Líbano y el Kurdistán turco- destaca “los valores del Tratado Antártico: promoción de la paz, de la ciencia, la protección del medioambiente y la cooperación internacional”.

Hablamos con su autor para conocer un poco mejor cómo es este “continente de los prodigios” contado para niños.

¿Cómo nace este proyecto? ¿Es una idea que ya tenías en el momento de grabar el documental o surge a posteriori?

A la vez. Me fui a la Antártida con la idea de hacer varios proyectos de comunicación y divulgación. Uno es el documental; otro, un libro infantil, que fuese para pequeños, que con el tiempo se concretó en este libro con Mosquito Books; y ahora estoy ultimando una novela para adolescentes, o más bien pre-adolescentes, de 12 ó 13 años. Y no descartaría que en el futuro pueda haber más. Me fui allí con la idea de tomar notas y fotografías para diferentes proyectos.

¿Te planteas “Antártida: el continente de los prodigios” como un trabajo divulgativo, casi pedagógico, para acercar ese mensaje que nos puede mandar la propia Antártida desde un lugar tan remoto e inhóspito?

Eso es. Ahora que lo dices, creo que es más divulgativo. Y pedagógico en la medida en que tiene un mensaje muy fuerte, que es el de que vivimos en un planeta sorprendente y maravilloso, del que la Antártida es un buenísimo ejemplo. Al mismo tiempo, podemos fascinarnos aún más por los misterios del planeta a través de la ciencia. Mi objetivo es que los niños sientan esa llamada por la vocación cinentífica, que me parece muy importante. Eso es fundamental en el libro, pero también quiero que los niños se diviertan y que disfruten. Las ilustraciones, que son de Raquel Martín, son una pasada, además de que el libro es de gran formato, es como si entrases en esas escenas. También es para leer con los padres. He tratado de dar información adaptada para los críos, pero sin caer en banalidades. No hablo de las foquitas, por ejemplo.

Por otra parte, decías que es un lugar remoto e inhóspito, y sin duda lo es. De hecho, es el más remoto; pero lo bonito cuando uno va allí y habla con los investigadores es que te das cuenta de que la Antártida está falsamente aislada, porque nada en el Planeta tierra lo está. Todo lo que hacemos aquí llega allí, y todo lo que pasa allí nos afecta. Nuestra contaminación está llegando a la Antártida, e incluso es allí donde se acumula, porque como no hace calor, no se evapora. Y por otro lado, la Antártida es la gran fábrica de frío del planeta, uno de los termorreguladores más importantes. Ahora, con el cambio climático, el deshielo del Ártico y el Antártico tienen un efecto multiplicador, porque cuanto menos hielo hay, menos se enfría el ambiente y más calor hace.

La izquierda, con forro azul, Mario Cuesta durante el rodaje del documental “Antártida: un mensaje de otro planeta”

¿Qué es lo que más te impactó al llegar a la Antártida y que se haya podido reflejar en este libro?

Por supuesto, la magnificencia natural. Es algo que impacta. Los primeros días estás conmocionado, porque es de una belleza que no puedes comparar con nada, salvo que hayas estado en las regiones más inhóspitas del Ártico; pero incluso allí hay vegetación, mientras que aquí no hay nada. Esa falta de referencias es muy llamativa. Porque si vas al Himalaya, evidentemente son montañas gigantes, pero al fin y al cabo también hemos visto montañas en los Pirineos. En cambio esto no se parece a nada. Y luego impacta mucho estar rodeado de investigadores punteros, internacionales, muchos de ellos españoles, que te empiezan a contar cosas que te dejan perplejo. Es realmente fascinante.

¿Resulta complicado dirigirse a un público infantil sin perder el rigor científico?

Para mí no. Me gustan mucho los niños. Siempre he tenido mano. y ahora que soy padre, desde hace 10 meses, a mi hija trato de hablarle sin diminutivos: no le digo que me de la manita, sino la mano; y no le digo la plantita, sino la planta. En general me dirijo a ella como lo haría a un adulto, pero que tiene menos vocabulario. Y eso mismo es lo que he tratado de hacer aquí.

Uno de los temas que tratabas en el documental es el del consenso que hubo en su día para proteger la Antártida. En cambio, en el resto del planeta nos está costando mucho que exista ese acuerdo…

Sí, demasiado. Y esa es una de las cosas importantes tanto en el libro como en el documental. Trato de poner la Antártida como referencia, como faro-guía, para demostrar que cuando hay voluntad política y ciudadana sí podemos lograr consensos y remar todos en la misma dirección, que es la de la paz, la protección del medio ambiente y la promoción de la ciencia. Por eso, cada vez que fracasa otra conferencia de París, de Kyoto, cada vez que estalla una nueva guerra, como ahora en Armenia, parece que no hay esperanza, pero la realidad es que sí la hay, y la Antártida demuestra que puede haber otro camino.

¿Tenías alguna referencia en el campo del cine documental en la que te fijaras especialmente a la hora de abordar este proyecto?

Ninguna en particular, porque en el tema que toco, que es el de la organización política de la Antártida, no hay nada. Por supuesto, sí artículos, pero no libros ni ningún documental. Y luego, desde el punto de vista estilístico, tampoco te puedes fiar de lo que ves en la BBC o en National Geographic, porque tienen unos medios de los que yo carezco. La realidad es que ellos pueden meter a un cámara y a un productor seis meses en una cabaña para grabar seis minutos de película, y yo desde luego no lo podía hacer. Pero yo soy guionista de televisión, he trabajado con Jesús Calleja en “Desafío extremo”, y básicamente desde hace 15 años me dedico a hacer programas de naturaleza, de aventura, de ciencia… así que es el campo que a mí me gusta y lo que yo veo, de manera que ninguna en concreto, pero todas en general. Por supuesto, el documental de Werner Herzog sobre la Antártida (“Encuentros en el fin del mundo”, 2007) es una referencia, pero es muy distinto a lo que yo he hecho. También está presente el sentido del humor, que no es muy habitual, tratando de hacer reír al espectador, de divertirlo, pero también de emocionarlo, porque a veces estamos perdiendo que los documentales conjuguen la información relevante y profunda, con una mirada más lírica.

En cuanto a esa novela juvenil en la que estás trabajando, ¿sigue la línea de las aventuras de exploradores como Roald Amundsen o Robert Falcon Scott, o va por otra dirección?

Va totalmente al margen. Creo que la era de la exploración heroica de la Antártida ha terminado y hace tiempo que se ha abierto la era del medio ambiente y de la ciencia antártica, que es fascinante. Es una obra que tiene mucho de soporte científico, pero también es trepidante, hay persecuciones por el hielo… tiene todo lo que debe tener una novela de aventuras.

Y además de todo esto, impartes el “Curso de Historia del Cine” en El Escorial, que se acaba de retomar ahora después del parón por la pandemia. ¿Cómo está siendo la experiencia?

El curso lo empezamos en enero, y todo iba muy bien, con lista de espera incluso, hasta que llegó la pandemia de Covid-19 y hubo que suspenderlo. Fue una pena, porque todo el mundo, los alumnos, la biblioteca y yo, estábamos entusiasmados. Lo que ha hecho ahora el Ayuntamiento y la biblioteca, y yo se lo agradezco, porque es un esfuerzo encomiable, es darle salida, de modo que ahora lo hemos retomado en formato online. Terminaremos en diciembre. Es verdad que se pierde el calor humano, pero bueno… Mi intención sería volver a hacerlo online a partir de enero, pero con el soporte de alguna otra biblioteca.

Enrique Peñas

Detalle del libro infantil “Antártida: el continente de los prodigios”, con textos de Mario Cuesta e ilustraciones de Raquel Martín