Lucía y Guille, un sueño olímpico que pide pista

El deporte de la Sierra del Guadarrama está a punto de decir adiós a uno de los veranos más inolvidables de su historia, quizá el que más: el del sueño olímpico cumplido de Lucía Rodríguez y Guille Rojo, dos atletas formados desde niños en la cantera de Las Ardillas de El Escorial, cuyas diferentes etapas en la escalera formativa se han seguido con expectación creciente hasta llegar a la élite del deporte mundial.

Lucía Rodríguez corrió el pasado 4 de agosto las semifinales de los 5.000 metros de los Juegos Olímpicos con 23 años, rebajó en siete segundos su marca personal y cerró con ello un año inolvidable, en el que además fue finalista en el Campeonato de Europa bajo techo de Torun. Un salto cualitativo espectacular en una carrera que ya colecciona hasta 37 medallas en Campeonatos de España, contando todas las categorías. Por si fuera poco, Guille Rojo puso la mejor guinda posible, guiando al atleta invidente catalán Gerard Descarrega hacia una nueva medalla de oro en los Juegos Paralímpicos, en los 400 metros T-11, y a un espléndido quinto puesto en los 100 metros, uno de los grandes hitos dentro de la magnífica actuación general de la delegación española enviada a Tokio.

Como Lucía, Guille Rojo se inició en Las Ardillas a las órdenes de Álvaro López Cotillo, Coti, como primer paso en la evolución que le llevó a la élite de la velocidad nacional, donde ha sido campeón de España con el relevo 4×400 del FC Barcelona, acreditando una mejor marca de 47:30 en la vuelta a la pista. Su alucinante versatilidad le ha llevado a ser preparador físico de astronautas en el Centro Europeo de Astronautas de la ciudad alemana de Colonia, a impartir conferencias y, desde 2018, a guiar a Descarrega hacia su segundo oro paralímpico. Una carrera formidable, a sus 29 años.

Un ejemplo a seguir

San Lorenzo de El Escorial ha vivido con ambos atletas un verano difícil de repetir, que ya está en los anales de su historia y en los de un deporte serrano que, afortunadamente, no anda cojo de otros referentes, aunque no todos sean tan cercanos. Más allá de los resultados subyace la idea de que tanto Lucía como Guille han sido educados en los valores más puros del deporte y que ello les lleva a ser un ejemplo a seguir por las generaciones que vienen detrás. Su entorno siempre valora su cercanía, su disposición a compartir experiencias con los más jóvenes y a seguir su evolución, el interesarse por los resultados y la progresión de los más pequeños, por los que empiezan a hacer atletismo.

Si Lucía visita con frecuencia el parque de La Manguilla para ver a los nuevos valores de Las Ardillas, más de una vez con obsequios en forma de material deportivo, Guille siempre ha hecho partícipe de sus éxitos a los que le ayudaron a dar sus primeros pasos, con los que mantiene un contacto muy estrecho. Tanto es así que este mismo miércoles estuvo en La Manguilla para compartir con técnicos y alumnos de Las Ardillas el oro conseguido en Tokio con Gerard Descarrega. “Te agradecemos tu humildad, tu paciencia dejando que todos los atletas tocarán la medalla, te damos las gracias por tus palabras, tu pasión, por recordar el que fue tu primer club y venir a dejarnos disfrutar de tu éxito”, señalaba el entrenedador del club escurialense, Álvaro López Cotillo, a través de las redes sociales.

Ambos siguen siendo los vecinos de toda la vida, siguen haciendo pueblo, y ello se ha traducido en la gran expectación que levantaron con sus aventuras olímpicas: la carrera de Lucía en Tokio propició la instalación de una pantalla gigante en El Zaburdón, en torno a la que se dieron cita muchas personalidades del deporte gurriato y mucha juventud; y algo similar hubiera ocurrido si Guille Rojo no hubiera corrido la final de 400 metros de madrugada, aunque en su caso el apoyo se ha palpado de forma muy importante en las redes sociales en los días previos y posteriores a su gesta.

El sueño de la pista de atletismo

Con todo, el éxito de los dos deportistas pone aún más de relieve lo que puede ser un caso único en España: Lucía y Guille han llegado a las Olimpiadas sin ver aún cumplido el otro sueño, quizá más profano, de ver funcionando una pista de atletismo en El Escorial o en San Lorenzo. Los dos se iniciaron en La Manguilla, muchas veces entrenando de noche, sin vestuarios, sorteando perros, lidiando con ambientes alejados del Deporte, sin las referencias que ofrece un anillo reglamentario. Años después de que ambos emprendieran el camino a la Residencia Blume, la situación no ha variado, pese a que los resultados de su club iniciático siguen siendo extraordinarios, ya no sólo ateniéndose a la brillantísima carrera de otra de sus perlas, Patricia García, olímpica con la selección española de rugby, o a la de atletas como Alejandro González de Miguel, Rodrigo Mendoza o Hicham Serroukh, sino a lo que viene con el fenómeno juvenil Ronaldo Olivo, que este año ha pulverizado récords que databan de décadas en los 800 y en los 1.500 metros, o lo que puede llegar con los jóvenes que siguen ganando campeonatos de Madrid y haciendo puestos de finalistas en los de España, como Natalia Ruiz, Marcos Ramajo, Candela Blázquez o Julia Maroto, por poner sólo cuatro ejemplos.

El 22 de enero de 2020, el Ayuntamiento de El Escorial secundó al de San Lorenzo en la aprobación de la construcción de una pista de atletismo compartida por los dos municipios en terrenos del Parque Central de El Tomillar, sobre una superficie de 205.000 metros cuadrados, con cargo a los fondos del Programa de Inversión Regional (PIR) de la Comunidad de Madrid. Todo estaba dispuesto para empezar las obras en un corto plazo, pero entonces aparecieron el coronavirus y los confinamientos y, casi dos años después, el proyecto sigue en el limbo. Recuperarlo y ejecutarlo supondría, primero, un acto consecuente con quienes han llevado los nombres de San Lorenzo y de El Escorial a escala internacional y les ha dado tanta gloria deportiva, venciendo a base de tesón y sacrificio todos los cortapisas propios de tener que entrenar prácticamente con lo puesto. Y en segundo lugar, la pista contrarrestaría el importante desfase entre la acción política y la acción deportiva, que siempre suele alcanzar las metas con muchos cuerpos de ventaja. El éxito de Lucía y Guille puede y debe ayudar a suturar esa brecha, al menos en parte.

Jaime Fresno

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