El confinamiento rebajó un 7,1% el gasto de agua y retrasó en cuatro horas la punta de consumo

Los madrileños gastaron menos agua y la consumieron más tarde. Es la principal conclusión que se puede sacar sobre la evolución del consumo en el periodo que va desde el inicio del Estado de Alarma, el pasado sábado 14 de marzo, hasta este lunes 8 de junio, casi tres meses marcados por el confinamiento de la población y el cese de un alto porcentaje de las actividades.

Los datos oficiales del Canal de Isabel II,  cuya red de abastecimiento da servicio a casi toda la Comunidad de Madrid, hablan de una reducción de un 7,1% en el consumo del trimestre reseñado en relación al mismo período de 2019. Fuentes del Canal afinan el dato: “Se han derivado para consumo 97,9 hectómetros cúbicos (Hm3) de agua, mientras que en el mismo período de 2019 se derivaron 7,5 Hm3 más. En cuanto a los hábitos de consumo, se ha apreciado un retraso en la hora de consumo punta diaria de alrededor de cuatro horas: de 7:00-8:00 de la mañana, a 11:00-12:00 horas”.

Consumo doméstico

La Subdirección del departamento de I+D+i del Canal de Isabel II llevó a cabo un proyecto de monitorización del consumo, a través muestras voluntarias en los hogares, “con el que hemos podido comparar cómo ha cambiado la manera de consumir agua en las viviendas, tanto en cantidad como en horas de consumo, y en usos concretos del agua”. El estudio ha podido confirmar un incremento en el consumo de los hogares de un 3,5%, lo que supone unos diez litros diarios, además de constatar varios hechos curiosos: “El consumo en los grifos ha aumentado un 14%. Ahora los abrimos más veces. Su momento álgido llega al mediodía, ya sea para lavarnos las manos antes de comer, o para fregar los platos al terminar. Entre las 14:00 y las 16:00 horas, los grifos de los madrileños apenas tienen respiro”.

Los datos del estudio también hablan de “una subida de un 6% en el número de veces que tiramos de las cisternas, que igualmente se empiezan a usar más tarde, y su rendimiento se estabiliza a lo largo del día. Curiosamente, el momento de menor consumo en cisternas, excluyendo la madrugada, es justo a las 20:00 horas”. En el análisis del Canal destaca que la hora de los aplausos en los balcones se ha venido traduciendo en “una muesca a la baja en las gráficas del consumo”.

El confinamiento también se ha dejado notar en el uso de los lavavajillas, que “operan a pleno rendimiento tras las comidas”. “Si a primeros de marzo se ponían mayoritariamente a partir de las 21:00 horas (después de cenar), ahora se llenan de platos y se encienden a horas más tempranas. Antes, quienes comían fuera de casa no tenían que ponerlo hasta la noche, pero ahora sí.  Es, sin duda, el cambio más notable: el uso de este electrodoméstico ha aumentado un 19%durante el confinamiento”.

También es considerable en términos porcentuales el descenso en el uso de las duchas, que el Canal sitúa en un 12%, con los siguientes matices: “En confinamiento, resulta ilustrativo ver cómo la ducha matutina se convierte en nocturna. En estos nuevos tiempos, el momento de más consumo en las duchas se sitúa en torno a las 21:00 horas; antes se producía a primera hora del día, nada más levantarnos. Menos ejercicio, menos movimiento, menos contacto con la contaminación y la suciedad de la calle y, en general, menos dinamismo en un ambiente más limpio, pueden ser las causas de este descenso”.

Para explicar otro de los grandes descensos porcentuales en el consumo doméstico, como es el registrado en el uso de las lavadoras, el estudio apela a la lógica: “Apenas hemos salido de casa, de modo que nuestro vestuario no ha sido tan variado como de costumbre. En tiempos de confinamiento manchamos menos ropa y podemos planificar mejor cuándo poner la lavadora, además de hacerlo a carga completa. No extraña, pues, que los hogares hayan ahorrado hasta un 16 % de agua en sus lavadoras. La hora preferida para ponerlas sigue siendo la mañana, aunque no tan temprano. Sí desaparece casi por completo la costumbre de lavar a última hora de la tarde”, concluye.

Embalses al 85%

La bajada del 7,1% en el consumo de agua, motivada por el cese de un importante número de actividades fuera de los hogares, ha aportado su granito de arena a la boyante situación que presentan los 13 embalses de la red el Canal de Isabel II, que a 8 de junio estaban al 85,5%. Pero sobre todo pesan los buenos datos pluviométricos que está ofreciendo una primavera especialmente lluviosa. En el área de la Sierra, dos de las estaciones meteorológicas de referencia, las de Alpedrete y Valdemorillo, han registrado más del doble de agua que el año pasado: según datos recogidos por el portal Meteosolana.net, si en 2019 Alpedrete había anotado 126,2 litros por metro cuadrado en los cinco primeros meses del año, ahora ya va por 265,7 en el mismo período; y en Valdemorillo se ha pasado de los 122 litros del año pasado a los actuales 278,4.

Más arriba, en las cumbres, la estación del Puerto de Navacerrada ya supera los 520 litros recogidos, lo que supone un incremento de 150 litros respecto a 2019. Este aporte de precipitaciones ha llevado a la red de embalses del Canal de Isabel II hasta los 807 hectómetros cúbicos almacenados, 119 más que en 2019, es decir, casi lo que es capaz de acumular el embalse de Valmayor completamente lleno. En términos porcentuales, el 85,5%  del nivel medio actual supone un incremento de un 12,6% en relación a lo que había el pasado año, y de un 7,5% respecto a la media de la serie histórica en estas fechas, según los datos actualizados por el Canal a día 8 de junio. “La situación hidrológica es buena, si bien, como siempre, desde Canal de Isabel II hacemos un llamamiento al consumo responsable de agua a todos los madrileños”

Analizando el estado de los 13 embalses de la red, destaca la boyante situación de El Atazar. Con casi 400 Hm3 almacenados -casi la mitad del total de la red- está al 93,1% de su capacidad máxima de 426 Hm3 y supera en 13 puntos su registro de 2019 por estas fechas. El gran embalse del Lozoya es la gran garantía de abastecimiento de la capital, con un almacenaje que casi cuadruplica el de la siguiente presa, la de Valmayor. El principal pantano a este lado de la Sierra estaba al 63% el 8 de junio, todavía por debajo del 68,6% que presentaba en la misma fecha de 2019, pero evidenciando un sustancial repunte, tras iniciar el año por debajo del 50%.

Más allá de su río de referencia, el Aulencia, Valmayor se alimenta fundamentalmente del agua del Guadarrama, a través de la conexión con el azud de Las Nieves, ubicado en La Navata, y puede abastecerse bajo circunstancias especiales de los embalses de San Juan, Picadas y Los Morales, en virtud de la concesión administrativa de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) al Canal de Isabel II. Sin embargo esta conexión con el Alberche, construida en 1992 para garantizar el abastecimiento de Madrid en épocas de sequía, y que contempla un trasvase máximo de hasta 119 Hm3 anuales, no ha podido funcionar en el presente año hidrológico ante la escasez hídrica en la cuenca cedente, que inició la primavera con San Juan al 31% y, aguas arriba, con el embalse de El Burguillo en el entorno del 20%.

Esa crisis se ha dejado notar en la presa de Valdemorillo. Sin embargo, Valmayor es la excepción que confirma la regla: en la Sierra, la presa de Santillana supera en casi 18 puntos los registros de 2019 y se sitúa en el 88,1%; La Jarosa presenta casi 30 puntos más, pasando del 53,4% de 2019 al actual 83,3%; y en un caso parecido está el embalse de Navacerrada, que está al 78,4% cuando el pasado año estaba al 49%. Fuera de la comarca, El Villar roza el lleno (97,7%) y presas como la de Pedrezuela y El Vado han tenido que aliviar agua en base a los protocolos del Canal: “Los desembalses o vertidos por seguridad hidrológica no se hacen porque las presas lleguen a su límite de capacidad, sino porque alcanzan el ‘nivel de resguardo’.

En función de cada mes del año, y en previsión de que pudiera haber avenidas, las presas tienen que conservar un espacio (más espacio al principio de la primavera, descendiendo hasta el verano) para poder recoger esas avenidas y regular así el caudal del río. Por ello, y para gestionar estos niveles, en esta primavera se ha vertido por seguridad hidrológica en las presas de El Vado y Pedrezuela”. Un caso diferente es el que se ha dado en presas como las de Navacerrada o Navalmedio, “donde el agua que se pueda soltar va a parar a otro embalse, por lo que no se consideran desembalses sino maniobras para regular el sistema de manera global, en estos casos para llevar agua a Santillana y Valmayor, respectivamente”.

Minimizar las pérdidas

El control sobre ese agua que fluye a través de los casi 18.000 kilómetros de conducciones que conforman la red de distribución del Canal de Isabel II también es primordial para los datos de almacenaje, sobre todo a la hora de minimizar las pérdidas. “Tenemos como prioridad estratégica implantar actuaciones internas que nos permitan gestionar el agua con la mayor eficiencia de la red de distribución, la reducción y el control de las fugas registradas en distribución y acometidas, y en las roturas. Dentro de esto, el indicador que registra las pérdidas ocultas en la red de distribución (que se calcula sobre el porcentaje de agua derivada para el consumo por año hidrológico) se sitúa en el año hidrológico 2018-2019 (el último completo) en el 1,49 %”.

La gráfica con el historial de ese indicador refleja que las diferentes mejoras introducidas en la red de distribución han supuesto rebajar el porcentaje de pérdidas en más de cinco puntos en la última década, partiendo del 6,52% que se registró en el indicador del año hidrológico 2009-2010 y que representaba aproximadamente entre 30 y 35 Hm3, teniendo en cuenta el consumo anual en la región.

Jaime Fresno