“Nuestro proyecto es sencillo, útil, y mejora la seguridad del paciente”

Dos enfermeras del Hospital de la Fuenfría han patentado un modelo de utilidad para administrar fluidos sin riesgos. Mónica Rubio y Cristina Fernández han ideado un sistema para diferenciar los tubos de las vías de administración a través de colores, lo que reduce el margen de error en los hospitales.

Dos enfermeras del Hospital de la Fuenfría han patentado un modelo de utilidad para administrar fluidos sin riesgos. Mónica Rubio y Cristina Fernández han ideado un sistema para diferenciar los tubos de las vías de administración a través de colores, lo que reduce el margen de error en los hospitales.

¿En qué consiste su proyecto?
Consiste en que a simple vista, cuando el paciente tiene muchos tubos, porque necesitan varías vías de acceso, veas el tubo y sepas si la vía es arterial, intravenosa, subcutánea, intratecal o central (los cinco tipos de vías de administración parenteral) porque no tiene el mismo efecto un medicamento que va por una vena que si va por una arteria.

¿Y cómo se distinguirían?
Son sistemas de administración de fluidos, que pueden ir por varias vías de administración y hay que diferenciarlas. Nosotras proponemos que a cada vía se le asigne un color para visualmente tener una primera imagen.

¿Cuáles son esos colores?
Esos colores los asignará la empresa que finalmente se haga con la patente. La Comunidad de Madrid ha establecido ya unos ejemplos y asignó a la vía venosa periférica el azul clarito, a la central el azul oscuro, el rojo para la arteria y el naranja para el subcutáneo… Nosotras utilizamos esos colores como ejemplo, pero la casa comercial podrá poner los que quiera.

monica rubio
Mónica Rubio

¿Ha habido algún incidente por equivocar la vía de administración?
Sí, muchos casos, pero con consecuencia de muerte hubo un caso muy llamativo de un bebé que murió en una UCI en Madrid porque se le administró la alimentación por una vía periférica. A raíz de aquello surgieron las primeras ideas y se dieron cuenta de que los errores existen.

¿Hay alguna normativa al respecto?
En 2017 la Comunidad de Madrid sacó una resolución para mejorar la seguridad y la calidad de los cuidados que se le da al paciente en el que tiene que existir un doble etiquetado en las líneas de infusión para tener más seguridad.

¿Y qué quieren hacer?
Nosotras no queremos fabricarlo, la idea es vender la patente a una casa comercial, que para ellos sería un coste mínimo porque es solo poner un color a algo que ya existe. Podrían teñir el plástico del tubo y añadir una etiqueta, un crotal o una brida para identificarlo mejor porque hay compañeros que son daltónicos o que tienen una visión cromática, por lo que no vale solamente con identificar el color, también hay que marcar textualmente la vía.

¿Cómo se trabaja ahora?
Actualmente los sistemas vienen sin nada y las pegatinas vienen en rollos en un contenedor aparte con unos soportes y tú tienes que ir sacando cada etiqueta y pegándola por duplicado en cada sistema cada vez que vas a administrar un medicamento. Llevar las etiquetas en tu carro e ir sacándolas y a veces es difícil hacerlo con los guantes puestos porque se quedan pegadas a los guantes, se pegan entre ellas, se rompen o las arrancan, se caen cuando mueves al paciente o le duchas… Este sistema solo se hace en la Comunidad de Madrid, en el resto no se hace nada para distinguirlos.

Entonces, ¿cómo lo hacen?
Pues tú pones la medicación con su sistema y cuando llega el siguiente compañero tiene que ver a dónde llega y qué es esa vía. Y muchas veces de manera visual es difícil. Tienen que comprobar cómo lo ha hecho tu compañero anterior y continuar con el mismo proceso.

Cristina Fernández
Cristina Fernández

¿Cuál sería el coste de este producto?
Entendemos que no es muy elevado y son muchos los beneficios porque solo con los envases que tiene cada rollo de pegatinas, los soportes, las pegatinas en sí… Son plásticos que no usas y que llevan un coste económico y también para el medio ambiente. Con nuestro sistema el coste es mucho menor.

¿Cómo repercutiría en su trabajo diario?
Nos permitiría hacer un doble screening: sé que tengo que poner algo por vía intravenosa y primero veo que es intravenoso por el color y luego lo coloco así. Y si viene mi compañero, también lo ve. Nos permite tener más seguridad a la hora de administrar la medicación. Y para el paciente es una seguridad mayor, claro.

¿Y no existe nada parecido?
Recientemente ha surgido algo similar para las nutriciones enterales (administrar los nutrientes directamente en el tracto gastrointestinal mediante sonda), que lo han teñido de morado y además el sistema ya no es compatible con una vía parenteral (alimentación por vía intravenosa). Pero en lo referente a intravenoso, los sistemas son universales y compatibles a nivel internacional; una jeringa es una jeringa en todas partes. Buscar una incompatibilidad de una vía con otra sería mucho más costoso que simplemente teñir cada sistema de un color. Además, ante una intervención rápida podría dar problemas a la hora de tener que seleccionar una jeringa diferente.

¿Cuánto tiempo llevan con este proyecto?
La primera patente nos la concedieron en 2018, pero llevábamos un año trabajando en ello. El tema de las patentes es algo que lleva tiempo, el comprobar que no hay nada parecido a lo que has presentado tú. La nacional la tenemos por 10 años, además de un año de prioridad internacional en el que nadie nos lo podría quitar. Esto conlleva un coste económico muy importante que es a fondo perdido de momento y que estamos pagando nosotras, además de la conciliación familiar. Hemos solicitado una ayuda a posteriori a la Oficina Española de Patentes que es de entre 40 y 300 euros.

¿Y cuánto cuesta un proyecto como el suyo?
El nuestro es la mejora de un producto ya existente, y aunque en calidad tiene que seguir los mismos trámites que si fuera una patente, es un modelo de utilidad, no es algo nuevo, por lo que algo menos, pero unos 5.000 euros solo la fase nacional. Luego hay que añadir la fase internacional.

¿Han hablado ya con alguna empresa?
Hicimos una primera patente a nivel nacional y hablamos con empresas, que nos dijeron que el I+D lo tienen en el extranjero y que era muy difícil llevar una patente española fuera. En España se dedican más a distribuir un producto que les viene dado y el desarrollo está en Estados Unidos, Alemania, Francia… Ahora lo hemos patentado a nivel internacional (en 43 países y España) y tenemos que volver a ponernos en contacto con las empresas.