“El baile a la novia en Robledondo”.- Artículo de José Ruiz Guirado

Común por su morfología y extensión en la Comunidad madrileña, tiene en Robledondo una mayor intensidad, pese a aparecer más tardíamente al resto de la provincia. Es una suerte de baile de pujas, mediante el cual se obsequiaba a los novios, por parte de los invitados. Ya fuere en especie o en metálico, verificado en la plaza pública, o en el domicilio de los casados. En rigor, la costumbre sería hacer el regalo a la novia durante el baile. Este regalo del baile a la novia, al que se le denomina “Espigo”, que así le llaman aquí, era de vital importancia para la constitución de la nueva familia.

Este nombre, extendido por todas las regiones de la península española, se da en las poblaciones abulenses de las Navas del Marqués y Peguerinos, pertenecientes a la misma zona etnográfica de Robledondo. En el documento de 1637, del recibimiento que se hizo a Felipe II y a Ana de Austria en la localidad segoviana de Valverde del Majano, con motivo de la boda de los  reyes en la cercana Segovia, se dice esto del Espigo: “Sábado once de noviembre llegó la reina a Valverde, aldea de nuestra ciudad, distante legua y media al poniente. Allí fue recibida con danzas y fiestas aldenas; y habiendo hecho oración en el templo, en la casa de su hospedaje, conforme a la costumbre de estos aldeanos, que el día de la boda los convidados bailan delante del tálamo, y hacen ofrenda a la novia, que dicen Espigar…”.

En Robledondo existía el uso de hacer un espigo propio, después de comer, reservado a padrinos y familiares más cercanos. Tras la cena, y hasta el amanecer, participarían invitados en general; estando reservado a la novia y al novio, la primera  vuelta del baile: “Lleva la señora novia/en el ruedo del vestido/una estrella volandera/que lleva levantado el hilo…” Siendo los padrinos los primeros  en espigar: “La novia es una paloma/y el novio es un bollo de oro/la madrina es una rosa/y el padrino es un tesoro…”. Tras los padrinos, los padres. Y después de la familia, se abría el espigo de los acompañantes, acompañándose de las coplas alusivas: “Ese que ha bailado ahora/que ahora tienes la ocasión/que te la has llevado tú/porque la desprecio yo…”.

Mientras se espiga, una de las madres de los recién casados sostenía sobre sus piernas una caja de madera con cerradura, donde se guardaba el dinero dado. Estas cajas se comprarían en San Lorenzo de El Escorial, en el bazar de María Luisa o Romo, guardando el matrimonio la caja de por vida. En cuanto a los guitarreros, cuya importancia ocupaba en los espigos; se juntarían de miembros  de las distintas pedanías del municipio de Santa María de la Alameda; en Robledondo se preferiría a los  músicos de Peguerinos. Al final del espigo, la cantidad recaudada sería contada por el padrino en presencia de novios y padres. En cuanto a lo prometido es especie, se cumplía rigurosamente la palabra dada en el baile, de pasar por la vivienda a recogerla cuando quisieran.

José Ruiz Guirado