El Ayuntamiento de Guadarrama intensifica la campaña de control y vigilancia de la recogida de excrementos caninos

Fuentes municipales recuerdan además que las sanciones por el incumplimiento de la ordenanza pueden ir de 50 a 300 euros, e incluso superar los 2.400 en caso de reincidencia

Ser responsable con la tenencia de mascotas implica serlo también con el cumplimiento de las normas de convivencia y, en especial, con la ordenanza municipal que regula las responsabilidades de los dueños, y en esta campaña concretamente, en su obligación para con la recogida de excrementos.

Una obligación que con frecuencia algunos vecinos olvidan y que ocasiona importantes trastornos en la convivencia, puesto que afecta a la salubridad de los espacios. Por este motivo, el Ayuntamiento de Guadarrama ha puesto en marcha una campaña para la que, además de instalar nuevas placas de advertencia y aviso en lugares públicos, los agentes de la Policía Local van a intensificar el control y vigilancia para que se respete la ordenanza reguladora de la tenencia y protección de los animales de compañía, que en su artículo 12 establece: “Las personas que conduzcan perros y otros animales deberán impedir que estos depositen sus deyecciones en las aceras, paseos, jardines y, en general, en cualquier lugar destinado al tránsito de peatones. Siempre que las deyecciones queden depositadas en cualquier espacio, tanto público como privado de uso común, la persona que conduzca al animal está obligada a proceder a su limpieza inmediata”.

Se trata por tanto de una obligación que no tiene como objetivo la sanción, sino que está destinada a preservar la salud de cuantos conviven en los espacios de uso público. Eso sí, de no respetarse esta normativa, la falta de conciencia y de respeto por la salud de todos, tendrá como resultado una sanción que podrá establecerse desde 50 hasta 300 euros, y si se produce de forma reincidente hasta 2.405.

La recogida de los excrementos caninos es una cuestión fundamental para mantener los espacios limpios, no solo por el importante problema de salubridad, sino porque no recogerlos ofrece una mala imagen del municipio y de sus vecinos, a los visitantes y turistas. Una obligación que es necesario respetar para garantizar la buena convivencia de todos, concluyen desde el Ayuntamiento.