Cartas de los lectores.- “El estercolero de la plaza de las Ánimas en San Lorenzo de El Escorial”

Cuesta creer que todavía nuestros políticos no se hayan planteado lo que significa recuperar y mantener nuestro patrimonio histórico, lo cual, entre otras muchas cosas, significa evitar las acumulaciones de suciedad y responsabilizarse por el tratamiento de los depósitos y la basura.

La plaza de las Ánimas y sus aledaños, en San Lorenzo de El Escorial, son muestra de este abandono por parte de los responsables públicos. La plaza y las aceras, cubiertas de contenedores, basura y roña, nos ofrecen una esperpéntica visión que entristece al viandante y desata la indignación de esas ánimas que por derecho histórico se vinculan a la plaza. Las autoridades han debido confundir el modelo vitrubiano basado en la teoría del contenedor, tal y como se diseñó el teatro Coliseo Carlos III, con plantificar dichos contenedores, llenos de porquería que no de gloria, en un cuadrilátero emblemático. Sin duda tiene que tratarse de una confusión, porque si no es así, no me puedo explicar semejante descaro de los que se dicen ser servidores públicos, que casi es un insulto a la ciudadanía y al patrimonio histórico.

Digo que es un insulto, porque alrededor del cuadrilátero emblemático al que me refiero, es decir el de la basura, se ubica una casa construida en el siglo XVIII y basada en los planos de Juan de Villanueva, un hotel decimonónico de incontestable encanto, cuyas lindes, además, rozan con la Galería Martín, que inaugurada en 1979 fue antaño residencia de cómicos del Real Coliseo Carlos III. Estos son datos reales que aluden, valga la redundancia, a realidades históricas que no se respetan y se menosprecian a diario.

No se trata de una cuestión nostálgica del pasado, me refiero a la dichosa frase de “El Escorial no es lo que era”, que sirve hoy por hoy para justificar lo injustificable, sino que se trata de una exigencia harto comprensible, que no es otra sino que se retire de ese entorno histórico, por ende ya restaurado en el siglo XX y trabajado desde hace décadas por comerciantes, turistas y curiosos, ese tipo de estercolero pestilente que daña la vista y el olfato.

El cuadrilátero emblemático de la basura, es pues, el de la vergüenza. En este sentido, es curioso observar que lo que era una necesidad de restauración arquitectónica y planificación urbanística en el siglo XX, haciéndonos partícipes y conscientes a muchas personas y aunque sea de forma simbólica, sobre la importancia de nuestro patrimonio histórico, hoy se convierta a estas alturas del siglo XXI, en una lucha permanente para que no nos estropicien lo que ya ha sido restaurado.

Julia Pérez (San Lorenzo de El Escorial)