Digitalización para preservar los tesoros de la Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Es de sobra conocida la bibliofilia de Felipe II, tanto que el “rey prudente” logró aglutinar una de las colecciones privadas más importantes de la época. Gracias a ello y a su empeño por proteger ciertos libros prohibidos, hoy en día podemos disfrutar de obras capitales que de otra forma habrían desaparecido. La primera piedra del Monasterio fue colocada el 23 de abril de 1563 y los primeros libros llegaron en 1565. A la muerte del monarca el proyecto se fue debilitando y durante los siglos siguientes fueron muchos los altibajos que sufrió la biblioteca. Aun así, el proyecto siguió en marcha, conviertiéndose con el paso del tiempo en el importante centro de investigación que es hoy en día.

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Al entrar en el centro de estudios comprobamos que los deseos de Felipe II siguen vigentes, es decir, que sea un espacio vivo, público y universal. Estudiosos de todo el mundo se zambullen entre sus legajos y estudian sus volúmenes manteniendo en marcha su objetivo primigenio: el de expandir y preservar la cultura. Nos recibe su director, con él charlamos acerca del proceso de digitalización que allí se lleva a cabo hace ya algunos años. Esta labor de preservación moderna comienza en la década de los 80, durante este tiempo, la técnica utilizada era la del microfilmado, con este método se consiguen preservar unos 6.000 volúmenes: todo el fondo manuscrito, todos los incunables, los archivos de documentos, el archivo de música, la colección de grabados y algunos libros “especiales” del siglo XVI. Verdaderamente, estos son los fondos más importantes, pues a partir de esta época aparecen en Europa los libros impresos.

El avance tecnológico no perdona y con el paso de los años aparecen las nuevas técnicas digitales: “Nuestro gozo en un pozo” -nos comenta el padre José Luis del Valle-, “en cualquier caso, la labor de preservación está hecha y la seguridad de que los volúmenes más importantes están a buen recaudo es una garantía”. Con la técnica de la digitalización, que se realiza a través de un escáner aéreo, se logra un importante salto cualitativo: se pasa del blanco y negro al color, se agilizan los tiempos y se gana en eficacia. Con este método se han digitalizado -además de todas las peticiones que les llegan- los 112 códices con más ilustraciones, algunos de los libros quemados en el incendio del siglo XVII y los manuscritos más antiguos. Destacan, entre estos últimos, algunos manuscritos latinos como “El Apocalipsis de la Casa de Saboya” o “El Comentario al Apocalipsis del Beato de Liébana”, cuyas bellas miniaturas les otorgan un gran valor artístico e histórico. También, por su gran antigüedad, merece una mención especial un manuscrito del siglo VI atribuido a San Agustín titulado “De baptismo”, escrito en letra uncial (todo el texto se escribía en mayúsculas) y que tiene el honor de ser el incunable más antiguo que posee la biblioteca.

Gracias a esta “nueva” técnica digital -con el microfilmado las copias tardaban meses en llegar a los solicitantes-, las peticiones que les llegan están disponibles en muy poco tiempo, siendo la Real Biblioteca del Monasterio una de las más eficientes del mundo en este sentido. Una labor que, sin duda, merece ser divulgada. Y un lugar que, sin duda también, merece ser visitado.

Jorge Segovia