Alba Palacios, la primera futbolista transgénero en España, juega en Las Rozas: “Ahora sí puedo decir que soy feliz”

Con una mezcla de naturalidad y timidez, Alba Palacios, luciendo la equipación de Las Rozas CF, echa la vista atrás para recordar que ya con 3 años andaba pegando patadas al balón. El fútbol siempre ha formado parte de su vida, eso no ha cambiado, tanto que ahora ha hecho historia al convertirse en la primera jugadora transgénero en España. A sus 33 años, esta madrileña -que hasta los 24, todavía como Álvaro, jugó en el Pozuelo B de Primera Regional, disputando algunos partidos en Tercera División- ha conseguido cumplir el sueño de tener ficha como futbolista federada, debutando el 15 de septiembre en la Preferente femenina en el campo del Sur Getafe. El estreno no pudo ser mejor, contribuyendo desde su posición como extremo derecha a la victoria del equipo roceño con un gol a los 20 minutos: “Fue increíble, no sabía dónde meterme, casi entro en shock, pero después sólo pensé en celebrarlo con el cuerpo técnico, con mi pareja y con la afición”.

La racha continúa, contando sus encuentros por victorias: en el debut en casa, Las Rozas se impuso al Escuela Olivo de Coslada (4-2), de nuevo con un tanto de Alba, después superó a domicilio al URJC Móstoles (2-3) y en la cuarta jornada endosó un 5-1 al Alcobendas, consolidándose en el liderato de Preferente, . El objetivo del ascenso a la Segunda División del fútbol femenino está ahí, aunque Alba, como el ‘Cholo’ Simeone, prefiere ir “partido a partido”. De fútbol, sueños y barreras derribadas hablamos con ella sobre el césped de la Dehesa de Navalcarbón.

Supongo que has vivido estos días con mucha intensidad…
Sí, la verdad es que para nada creía que se iba a generar esta expectación. El sábado antes del debut me llamaron del diario “Marca”, pero cuando me levanté el domingo y me ví en la portada del fútbol femenino fue impactante. Si ya tenía tensión, imagínate con eso. Llegué nerviosa al campo, donde además había varios medios, pero una vez que salté al terreno de juego fue increíble. Es como si me hubiese quitado un peso de encima, llevaba mucho tiempo soñando con esto; es lo que quería, así que traté de disfrutar lo máximo posible.

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Alba Palacios, con la equipación de Las Rozas CF, en el campo de la Dehesa de Navalcarbón / Fotografías: Rafa Herrero

Ha sido la culminación a un proceso largo, porque iniciaste la hormonación hace un año y medio…
Realmente para mí es mucho más tiempo, porque desde que tenía 14 años y estaba en el Pozuelo empecé a ver el fútbol femenino. Las chicas entrenaban al lado y yo pensaba que donde quería estar era allí. Han sido muchos años de esconderme y no querer salir, de miedo a la sociedad. Una vez que consigues decir al mundo que eres Alba, ya es un paso muy importante, pero lo segundo para mí era no perder mi vida: tengo mi trabajo, mi pareja, mi familia, mis amigos, y por supuesto también el fútbol, así que intenté aferrarme a ello.

Porque el fútbol ha formado parte de tu vida de una manera muy importante…
Sí, para mí es vital. Llevo desde los 3 años pegándole patadas al balón. Es algo que siempre he llevado en la sangre y ahora es un sueño poder jugar con las chicas y en fútbol femenino.

Incluso llegaste a jugar en Tercera División con el Pozuelo.
Bueno, estaba en el Pozuelo B, en Primera Regional, pero jugué algunos partidos en Tercera. Fue una etapa durilla, porque iba al gimnasio para estar mejor preparada… [hace una pequeña pausa, con total naturalidad, y continúa]. Bueno, en aquel entonces preparado. Me empecé a muscular y veía que eso no era lo que quería. así que decidí dejarlo, no podía más. Entre los 15 y los 25 años fue una época complicada. Digamos que entre los 7 y los 9 años yo ya sabía que algo me pasaba, pero todavía no era realmente consciente de ello, pero a partir de los 15 sí. Yo ya estaba con mi pareja a los 18, y la verdad es que gracias a ella pude salir, porque me seguía escondiendo, ocultando lo que realmente había, pero al final se trata de ser tú misma.

¿Es una situación que se vive con angustia, con miedo?
El miedo de enfrentarme a la sociedad era lo que me echaba para atrás, pero esto no es un capricho, no te levantas un día y dices que quieres ser una chica. De alguna forma pensaba que para qué iba a arruinar mi vida teniéndolo todo, pero es mentira, porque te levantas cada día y quieres ser una mujer, ves a más chicas y te dices que quieres ser como ellas… Ahora sí que puedo decir que soy feliz. Soy libre, estoy viviendo la vida que quiero.

Además, el hecho de que se haya hecho público de esta manera, como jugadora de fútbol femenino, hace que salga de tu círculo más íntimo. ¿Cómo se lo contaste a tu entrenador?
Cuando tenía siete meses de hormonación y ya veía que la gente en la calle me percibía como Alba, que la gente que no me conoce me ve como una chica, que es algo que de hecho me sorprendió, porque no pensaba que fuese a ser tan rápido, decidí intentar entrar en el fútbol femenino, para no estar un año parada hasta que culminara el proceso. Busqué el equipo femenino que tenía más cerca de casa y fue Las Rozas, así que fui a un partido de pretemporada y hablé con el técnico. Le dije que era una chica trans, que me llamaba Alba y que me gustaría entrenar con ellas. Lo único que le pedí es que hablase con las chicas del vestuario, porque lo más importante para mí es que no supusiera ningún problema. Imagínate con la cara que se quedó… pero me dijo, vale, lo hablo; al final de la noche me mandó un mensaje y me dijo que sí, que podía venir a jugar.

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¿A partir de ahí empiezan los trámites con la Federación Madrileña de Fútbol?
No, todavía no, porque en mi cabeza tenía claro que había que esperar los dos años de hormonación, aunque ya tenía el informe psicológico que dice que tengo disforia de género. Con todo eso vas a la Policía, lo presentas y te dan el nuevo DNI, ya como mujer. Pero tuve la suerte de que hace meses salí en “El País”, en un reportaje sobre 24 mujeres lesbianas dan la cara. Entonces entrenaba con Las Rozas y los fines de semana jugaba en la liga de fútbol 7 Fulanita de Tal. Mi equipo lo patrocinaba LesWorking, que es una especie de red profesional tipo Linkedin, pero sólo para mujeres lesbianas. Se fijaron en mi caso, y a raíz de ahí se hizo un documental muy bonito para el Orgullo. Después de todo eso, fue en verano cuando me llama David, el entrenador, para decirme que le había llamado el director general de Deportes de la Comunidad de Madrid, Javier Orcaray, para decirle que existía una ley de identidad de género aprobada en 2016 que me permitiría jugar con Las Rozas esta misma temporada.

Y no te lo pensaste, claro…
Me podría haber sentido mal si no hubiera empezado el tratamiento hormonal, porque quiero jugar al mismo nivel que una mujer, en igualdad de condiciones. Hay gente que dice que tengo complexión de chico, pero es que es absurdo: mido 1,70, peso 59 kilos… es que me soplas y me tiras. Quería que mi nivel de testosterona fuera el mismo que el de una mujer. y de hecho el de una chica va de 15 a 90 y yo ahora mismo tengo 16, y me va a seguir bajando. Veo que mis analíticas están bien, porque llevaba más de un año de hormonación, y empezamos a hablar con la Federación. Nerea Alonso, que es la responsable del fútbol femenino, lo único que me dice es que tengo que jugar con el nombre de Álvaro, que es el que todavía figura en mi DNI. Me lo pienso, porque no quiero que en un acta federativa, donde están todas las chicas, aparezca el nombre de Álvaro. Eso me mataba, hasta que me comentan que existe otra ley que permite utilizar un alias, así que fui a la Federación y todo lo hicieron ellos. Mi ficha federativa es un papel donde pone que el presidente de la Comunidad de Madrid me autoriza a jugar. Lo que quería también es que lo supiesen todos los clubes, y de momento no está habiendo ningún problema. De hecho, he conocido a chicas en otros equipos que me están dando muchos ánimos, y en mi equipo la verdad es que el trato es genial. Me han recibido con los brazos abiertos, estoy súper integrada. Es como una familia; cualquier problema que tenga una, lo hablamos, es muy bonito.

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Y además el de Las Rozas es un proyecto ganador, con el objetivo de subir a Segunda…
Yo soy más conservadora, más del Cholo: partido a partido. Intento ayudar al equipo, y sobre todo disfrutar, que ahora es algo que estoy haciendo como una enana.

Estás jugando en la posición de extremo derecha, aunque el entrenador también te ha probado como central…
Sí, porque aunque no soy muy buena técnicamente, mi punto fuerte es la velocidad. Desde pequeña me ha encantado correr. Cuando jugaba en el Pozuelo había gente que corría más que yo, y entonces lo que hacía en verano era entrenar en la playa para fortalecer los músculos, además de trabajar la posición en carrera. Es algo que he entrenado desde siempre, no es que corra más porque sea un chico o no.

¿Tienes que dar muchas explicaciones con este tipo de cosas?
Lo que pasa es que hay mucho desconocimiento. Hay comentarios que duelen, pero los perdono. Vives con ello e intentas que te afecten lo menos posible. Mi pareja me dice que no mire las redes sociales, pero no puedo evitarlo, sobre todo para saber lo que me puedo encontrar, y así ya estoy sobre aviso. Si estoy en el campo y escucho una tontería, pero ya me la han dicho cuatro veces, entonces me va a resbalar.

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“Tardé mucho en pintarme las uñas, los ojos… aunque cuando veo a la psicóloga me dice que es una transición de libro; no se trata de vestirse de mujer de repente”

Durante estos días, Alba Palacios ha concedido decenas de entrevistas, ha contado su historia con absoluta naturalidad, cansada, pero también con la sonrisa perpetua de quien ha hecho realidad el sueño que llevaba años persiguiendo. Pero también ha tenido que lidiar con algunos comentarios, sobre todo a través de las redes sociales, que ponían en duda que pudiese jugar como una chica. “Hay gente que dice que es dopaje, y yo les contesto que me estoy tomando cinco pastillas al día; ahora mismo no soy capaz de aguantar un partido entero. Tengo calambres, porque la musculatura está luchando contra mi cuerpo. Es un mejunje impresionante, horrible, así que les invito a que se hormonen y a ver si tienen ganas de jugar”, señalaba. La hormonación, explicaba, “es de por vida, aunque cuando me opere o vaya pasando el tiempo, es verdad que se va rebajando”.

Con todo, el único paso ‘legal’ que le queda a Alba tendrá que esperar al 21 de marzo, cuando se cumplirán dos años desde que inició este proceso. “Ahora lo que quieres es que esto vaya lo más rápido posible, porque además ya tengo 33 años, pero sé que requiere tiempo. Tardé muchísimo en pintarme las uñas, los ojos… aunque cuando veo a la psicóloga me dice que es una transición de libro. No se trata de vestirme de mujer de repente, porque la gente que está a tu alrededor transiciona contigo, y si percibe ese cambio demasiado rápido, les va a chocar un montón”, indicaba. “Lo que me gustaría es que personas que están en una situación parecida, igual que pedimos tolerancia, también tenemos que ser tolerantes y comprensivos con los demás; cuando alguien te dice algo y sabes que no es con mala intención, o que se le puede escapar, no pasa nada”.

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El entrenador del sénior femenino de Las Rozas CF, David Herrero / Fotografía: R. H.

Alba, vista por su entrenador, David Herrero: “Tiene velocidad, aunque técnicamente no es la mejor”

David Herrero, entrenador del sénior femenino de Las Rozas CF, recordaba la noche en que Alba Palacios, tras un partido en Alcorcón, le dijo que quería formar parte del equipo, para acabar haciendo historia en el fútbol español, al convertirse en la primera jugadora transgénero. “A raíz de la mediatización del caso, a finales de junio me llamó el director general de Deportes y me dijo que existía una ley que la permitiría jugar, únicamente con la sexualidad sentida, y a partir de ahí empezamos con todos los trámites. No tenía miedo, en el sentido de que sabía que no se trataba de que una mañana se hubiese levantado diciendo que quería ser chica, sino que venía de largo, pero tampoco quería que hubiera nada por detrás que pudiera dar pie a que alguien dijese que esto nos daba ventaja”, explica el técnico, destacando que “todo han sido facilidades por parte de la Federación”.
En cuanto a las condiciones de su pupila, detalla que “tiene una velocidad bastante alta, aunque hay jugadoras que corren más que ella; técnicamente no es la mejor, pero tiene dominio del juego aéreo y hace buenas coberturas atrás. Está jugando en la derecha, pero también puede hacerlo como central, me gusta que las jugadoras sean polivalentes. Hay gente que piensa que puede tener una ventaja por el hecho de haber sido chico, pero el tratamiento que está recibiendo lo único que genera son problemas, porque disminuye la masa muscular y puede afectar al rendimiento, ya que el cuerpo no genera el mismo nivel de testosterona”.

Enrique Peñas