Tito: “Añoro mucho al San Lorenzo El Real, tenía jugadores gloriosos como Bernabéu, Picó y Del Campo, mejores que nosotros”

El acto de presentación de los fastos del Centenario del San Lorenzo contó con la presencia del único superviviente del legendario equipo de la Unión Deportiva gestado a finales de la década de los 40, el que acabaría ascendiendo a la Tercera División: don Ángel Fernández Ruiz-Capillas. Conocido futbolísticamente con el apelativo de Tito, fue junto a Marianín la pieza clave del medio campo en aquel equipo que repartió goles por doquier en ambas mesetas, gracias a la fantástica delantera que formaban Zamorina II, Casado, Tapicero Antonio Jiménez Zapatilla y Francés. Aquella formación, sostenida atrás por el portero Óscar y los defensas Pesquín, Jaquete y Montes, y dirigida por el austríaco Kurt Elkan, entrenador y, además, regente del Hotel Escorial, inició su periplo con un subcampeonato en Segunda Ordinaria que le dio el ascenso a la Segunda Preferente, categoría en la que batiría todos los registros, anotando 138 goles y cediendo una sola derrota.

Tras otro arrollador paso por la Primera Regional, el San Lorenzo alcanzó por vez primera la Tercera División en 1951, sólo cuatro años después de su refundación.  Tito, hasta entonces indiscutible, tuvo que echarse a un lado, influido por sus estudios y golpeado por la muerte de su padre. Fue ahí, justo cuando el San Lorenzo tocaba la gloria de la categoría nacional, donde acabó el futbolista y se terminó de forjar una personalidad imprescindible en la historia social del Real Sitio, con medio siglo dedicado a la regencia de la céntrica Farmacia que ahora atiende su hija. Su gran vitalidad permite asomarse de manera privilegiada a la leyenda de aquel legendario San Lorenzo de mediados del siglo pasado.  

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Ángel Fernández Ruiz-Capillas, en la presentación de los actos del Centenario de la UD San Lorenzo / Fotografías: Rafa Herrero

De modo, don Ángel, que fue su profesión de farmacéutico la que le apartó de aquel legendario San Lorenzo de los 50…

Compaginé mi vida profesional de farmacéutico, con oficina de Farmacia, con la de analista y con la carrera de inspector de Sanidad. La muerte de mi padre coincidió con mis oposiciones de inspector, y entonces me tuve que retirar. No, no jugué ni un solo partido en Tercera División. Creo que estuve fichado, pero no pude jugar porque las condiciones personales no me lo permitían. 

Y usted era básico en el esquema de juego. Digamos que era el soporte en el medio campo de aquella famosa delantera que hizo historia…  

Sí. Yo no quiero ser modesto: en la parte de atrás yo alimentaba a los cinco delanteros. Yo no fallé nunca, siempre fui titular, y nunca me lesioné, quizá porque tenía miedo (ríe)

¿Es cierta la leyenda que dice que el equipo era potentísimo arriba pero flojeaba atrás?

No lo creo. Nosotros siempre metíamos La Tasa. Todos decían Los de La Tasa, que era que siempre metíamos cinco; metíamos cinco goles y ya nos parábamos, era como si estuviera prohibido seguir. Fue muy bonito, una época gloriosa. Pero te advierto que yo añoro mucho al otro San Lorenzo, el San Lorenzo El Real (el equipo de antes de la Guerra Civil que vestía de rojiblanco), que fue glorioso. Ten en cuenta que en este equipo jugaban Santiago Bernabéu, Félix Picó, Mejía, Víctor del Campo, que fue extremo izquierda del Real Madrid y también internacional… Tenían gente muy buena que paseó el nombre de San Lorenzo por toda Europa. 

Sería usted un niño entonces…

Claro, yo oía hablar de ellos de niño. Recuerdo jugadores con cuyos hijos yo me he tratado, como Cebrián, Lizárraga, Basilio Hontoria, Pepito Herranz… Gente que era muy buena. Aquellos sí eran grandes jugadores, mucho mejor que los nuestros. Fueron dos épocas, pero ellos fueron grandes glorias, no nosotros; ¡no, no! Nosotros éramos unos chavales que jugábamos al fútbol, pero ellos fueron unos grandes jugadores. Yo añoro mucho el apellido de El Real, que fue un equipo glorioso. Me da mucha pena que se perdiera. ¿Tú crees que hay muchos equipos en España que tengan el apellido el Real?; ¿cuántos municipios son Reales Sitios? Me gustan los equipos que se llaman así: Real Madrid, Real Sociedad… Me gustaría volver a las raíces y que se llamara otra vez San Lorenzo El Real, te lo digo a ti en secreto (ríe).   

Vamos a su equipo. Se habló mucho de la figura del entrenador, el autríaco Kurt Elkan. ¿Cómo era, cómo reúne el equipo y cómo lo gestiona?

Era un entrenador muy bueno. Era un austríaco muy deportista, un señor muy gordo pero muy ágil. Sabía mucho de fútbol y nos entrenaba tácticamente. Luego teníamos a un capitán de la Guardia Civil, que se llamaba Salamero, que nos daba educación física. Teníamos una preparación muy buena. Kurt Elkan modificó el equipo, que se hizo a través de (hace una pausa para reflexionar)… Es que es una historia un poco larga de contar: aquí en San Lorenzo había unas fiestas patronales que se llamaban las Fiestas de Mozos, en las que se jugaba al fútbol, se hacía ciclismo, había toros… Y había un partido de bandas, en el que se reunían todos los equipos y once señoritas regalaban una banda cada una. De ahí salió un equipo que se llamaba La Solana, junto a otros dos o tres equipos. Un día nos vieron jugar unos de Madrid, que yo no sé quiénes eran, y dijeron que nuestro equipo podía llegar. Nos federaron, con aquel equipillo, y empezamos a jugar en Segunda Ordinaria. Recuerdo de entonces haber jugado detrás de la Farmacia con pelotas de trapo.

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De aquel equipo suyo se ha hablado de grandes jugadores: Zamorina II y Miguelín Casado, del que casi siempre se conviene en que fue el cerebro del equipo. ¿Era así? 

Él y yo nos compenetrábamos muy bien, yo atrás y él delante. Pero él era buenísimo, Miguel era mucho mejor que yo, era buen extremo. Miguel se murió el año pasado, y Zamorina también se ha muerto este año. Me han dejado solo. 

El hermano pequeño de la saga, Zamorina II, formaba con Casado el ala derecha del ataque…

Zamorina el pequeño empezó jugando de portero, pero era muy rápido y el señor Kurt le cambió y le puso de extremo derecha. La delantera era Zamorina II, Miguelín, Tapicero, Zapatilla y El Soldado, que era Ibáñez.

¿Fue verdad que Antonio Jiménez ‘Zapatilla’ jugaba con zapatillas? 

No. Empezó a jugar en zapatillas, pero cuando empezó a jugar con nosotros, le compramos unas botas. Pero le llamaban Zapatilla porque jugaba con zapatillas divinamente. Te lo digo yo: eran todos buenísimos.

A algunos les vinieron a fichar equipos superiores: a Zapatilla vino a buscarlo el Badajoz, Casado tuvo ofertas…

Sí, creo que Zapatilla terminó en el Badajoz. Miguelín Casado era un poco rebelde, y no sé si llegó a un acuerdo con algún equipo, pero sí tuvo ofertas.

Era un San Lorenzo totalmente amateur. En aquel equipo nadie cobraba un duro…

Nadie, nadie…

En una entrevista, Casado me dijo que lo único que recibió fue una caña y dinero para un taxi para ir a Moralzarzal a ver a su novia…

Exactamente, sí, me acuerdo de aquella entrevista en el Casino (en el año 1999)…Me alegro mucho de que me hayas pillado pasados los años en offside (bromea). Allí no cobraba nadie.

Volviendo al tema, aquel amateurismo ya es irrepetible, ¿no?   

Totalmente. Ahora los equipos son empresas. Son empresas, compréndelo

Le pregunto por el viejo campo de Los Pinos. ¿Cómo recuerda su ambiente de los domingos de partido?     

Era fantástico, siempre estaba lleno…

¿Y qué puede contarme de lo de “balón fuera, chico dentro”?

Exactamente, exactamente… (ríe). Te voy a contar una anécdota: cuando empezamos allí a jugar nosotros no queríamos que se colara nadie, teníamos unos porteros para evitar las tapias y todo. Entonces había un chavalillo que siempre se colaba y que se hizo amigo mío. Por decirlo como en los tiempos actuales, era un fans mío. Este chaval, pasando el tiempo, era piñonero y venía a El Escorial a vender piñones. Un día me reconoció y me dijo: “Usted es el que me dejaba entrar”. Y yo le dejaba porque era muy pequeñajo… 

… y entonces, ¿le salieron los piñones gratis?

Sí, sí… Luego, cuando yo iba a la Misa de 11 al Monasterio y estaba vendiendo piñones, sí, me regalaba un canuto de piñones y me lo decía: “Usted es el que me dejaba entrar”. Me acuerdo perfectamente de que allí no se colaba nadie, nadie. ¡Pero a aquel chaval yo le dejé entrar, mecachis en la mar!  

Acabo con el Centenario y su homenaje de hoy. Supongo que para usted es un motivo de gran orgullo que el club se haya acordado de su historia…

Hombre, claro que sí. Que la gente me vea, se acuerde de mí y me aplauda cuando estoy ahí subido, para mí eso es una cosa que me enorgullece. Pero me da rabia que no me hayan avisado bien, porque yo habría preparado algo mejor, pero qué le vamos a hacer. Te espero dentro de diez años y hacemos otra entrevista.  

Jaime Fresno

Dos joyas en la presentación: la camiseta del último partido de Félix Herranz ‘Filuchi’ en 1948 y la Copa Ramón de Triana de 1959

Un trofeo y dos camisetas presidieron a modo de ornamentación la presentación del Centenario en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial: la camiseta actual, que representa la entrada de la Unión Deportiva en su gran efemérides; en el centro, la Copa Ramón de Triana, el trofeo de más prestigio logrado por un club serrano; y una prenda de gran valor sentimental, la zamarra que lució Félix Herranz Díaz, el recordado Filuchi, en su primer y último partido oficial como azulgrana, jugado contra el Prosperidad en el campo de la Guindalera. Son las joyas de un Centenario plagado de recuerdos, quizá ninguno tan emotivo como el que lleva aparejado la camiseta del malogrado futbolista, fallecido en octubre de 1948 a los 18 años de edad, cuando estaba en negociaciones para fichar por el Atlético de Madrid, y estaba en condiciones de seguir la senda de históricos sanlorentinos como Víctor del Campo o Ernesto Mejías. El actual presidente de la Unión Deportiva San Lorenzo, Antonio Herranz, tomó el escenario para recordar aquella luctuosa historia que, en aquel año, pudo suponer la desaparición del club, al combinarse con la prematura retirada por prescripción médica de Zamorina I, otra de las estrellas gurriatas, según recoge el libro del 75 Aniversario del periodista Manuel Estrada.

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La muerte le sobrevino a Filuchi a los pocos días de aquel primer partido en el que el hábil punta puso en jaque a la zaga del Prosperidad, aunque su actuación no sirviese para evitar la derrota por 3-2. Justo Vázquez, el entonces practicante-masajista del equipo, contó entonces que “en ningún momento del partido dijo que tuviera molestias o dolores, a pesar de que tuve que atenderle en varias ocasiones, a consecuencia de los golpes que recibió de los jugadores madrileños”. Y los compañeros de Filuchi, según recoge el libro de Manuel Estrada, aseguraron que tampoco le oyeron quejarse, ni tras el partido ni en el viaje de regreso. Al llegar a San Lorenzo, el futbolista se retiró a su domicilio alegando que “se encontraba algo indispuesto y tenía que estudiar”, y acabó falleciendo tres días después. Su familia, que integra una larga saga de futbolistas sanlorentinos, la mayoría históricos del club, cedió la camiseta de la joven promesa para el Centenario, un gesto que el presidente Antonio Herranz agradeció en el acto para poder realizar “este pequeño homenaje”.      

La Ramón de Triana, el gran éxito de 1959

La otra gran joya de la presentación fue la Copa Ramón de Triana, el máximo logro de la entidad gurriata, obtenido en 1959 tras derrotar por 2-1 en el campo de Los Pinos al Atlético de Madrid. La Copa Ramón de Triana, fundada en 1943, era la competición que aglutinaba a los segundos equipos, o equipos aficionados de los clubes de categoría nacional, y los de Primera Regional, si bien en sus tres primeras ediciones la jugaron sólo los conjuntos reservas de los equipos de categoría absoluta. El Real Madrid, con 15 títulos, acabó liderando un palmarés que se cerró en 1976 y que, además, incluye tres victorias del Atlético de Madrid y dos del Rayo Vallecano.

Aquel triunfo del San Lorenzo en un abarrotado campo de Los Pinos supuso una de las cimas del club, que aquel día jugó en la portería con Francisco Fernández –más tarde primer alcalde democrático del Real Sitio-; Chiqui, Barragán y Ramos, en defensa; Nene y Sastre, en el medio;  y Castilla, Miguelín Casado, Alonso, Zapatilla y Ventura II en la delantera, todos ellos entrenados por Sacristán. Curiosamente, la consecución del prestigioso título marcó el inicio del declive de la época dorada del equipo en Tercera División, en la que había jugado seis temporadas con hasta tres ascensos desde la Primera Regional. Los años 60 se iniciaron con el último descenso a Primera Regional y el adiós, hasta ahora definitivo, a la categoría nacional. 

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