‘Graellsia’, la mariposa más bella de Europa

La historia de este lepidóptero ha estado envuelta en un halo de misterio y controversia: su género, distribución, origen o planta nutricia han sido motivos de acalorados debates por parte de los taxónomos de toda Europa. Hablamos de la “Graellsia” o “mariposa isabelina” (ahora conocida también con el nombre de “Actias isabelae”), un satúrnido -emblema de la fauna guadarramista- que fue descubierto en 1849 por Mariano de la Paz Graells, médico, naturalista y político español, quien fue vecino de San Lorenzo de El Escorial en su época como director del Real Museo de Ciencias Naturales.

La historia de este lepidóptero ha estado envuelta en un halo de misterio y controversia: su género, distribución, origen o planta nutricia han sido motivos de acalorados debates por parte de los taxónomos de toda Europa. Hablamos de la “Graellsia” o “mariposa isabelina” (ahora conocida también con el nombre de “Actias isabelae”), un satúrnido -emblema de la fauna guadarramista- que fue descubierto en 1849 por Mariano de la Paz Graells, médico, naturalista y político español, quien fue vecino de San Lorenzo de El Escorial en su época como director del Real Museo de Ciencias Naturales.

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En su casa, situada en la antigua calle de la Parra -actualmente Francisco Muñoz-, se criaron los primeros ejemplares en cautividad de esta mariposa. La primera pista que Graells tuvo de la “isabelina” fue gracias al naturalista suizo Juan Mieg, quien nunca llegó a observar ejemplares completos, pero sí restos de unas alas en La Granja de San Ildefonso (Segovia), hacia 1835. En un principio, los confunde con la “Saturnia Luna” (Actias Luna), pero este hecho sirvió como estímulo para que su amigo Graells iniciara la búsqueda de este esquivo y misterioso insecto.

Hallazgo en Pinares Llanos

Fue en el verano de 1848 -hace ahora 170 años- cuando Graells descubre la primera oruga, según los escritos, en la Portela del Cura (antigua Portela de Cuelgamuros), más concretamente en el acceso a la zona de Pinares Llanos, en la línea divisoria entre las provincias de Madrid y Ávila. Esta primera oruga no llega a eclosionar, por lo que no es hasta el año siguiente cuando Graells hace el gran descubrimiento: en la misma zona donde había encontrado la larva, halló un ejemplar adulto hembra que se encontraba sobre un árbol abatido de pino silvestre. Después de observarla detenidamente, comentó: “Nunca podría ser la Saturnia Luna de Mieg, por su forma y distribución de colores”.

Con la primavera llega la época de cría de este esquivo lepidóptero, localizado por primera vez cuando su descubridor, entonces director del Real Museo de Ciencias Naturales, vivía en San Lorenzo de El Escorial

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El descubrimiento levantó las suspicacias de los entomólogos de toda Europa, especialmente por parte de los estudiosos franceses y alemanes. Se realizaron viajes a España con la intención de capturar a la “isabela”, pero estas expediciones terminaron sin éxito, pues la mayoría de ellas se hicieron en verano, lo que hace imposible su captura, ya que esta mariposa, además de nocturna, es una especie primaveral.

Homenaje a la reina Isabel II

Graells pretendía que el descubrimiento fuera un homenaje a la reina Isabel II y, según cuentan, ésta llegó a lucir un ejemplar engarzado entre esmeraldas durante una recepción real. Por motivo de esta dedicatoria, el epíteto que se le atribuye a la especie es “isabelae” y no “isabellae” como lo tradujo el entomólogo francés Léon Fairmare, modificando así la ortografía castellana de “isabela” por la francesa “isabella”. Todos los documentos relativos al descubrimiento y las descripciones de este lepidóptero, al igual que las ilustraciones del mismo, se encuentran en la biblioteca del Monasterio, dando cuenta de algunas de las controversias que se habían generado en la época.

Acerca de estas polémicas y de las características propias de la “graellsia” hablamos con Pedro Velasco, fundador de InsectPark y naturalista con más de 30 años de experiencia dedicados al estudio de los insectos, siendo uno de los mayores conocedores sobre este satúrnido. Coincidiendo con la visita a este centro de microfauna situado en El Tomillar (en el inicio de la pista forestal de Abantos), la noche anterior había eclosionado una de las larvas, dando lugar a un bonito ejemplar hembra.

Velasco y su equipo trabajan en la conservación y divulgación de insectos de todo tipo y procedencia, pero con especial atención a las especies autóctonas de la Sierra de Guadarrama. En este sentido, la “isabelina” es claro ejemplo de ello, pues podemos observar varios ejemplares en la exposición permanente que hay en este museo, además de disfrutar de las salidas nocturnas que se organizan para observar a la mariposa en su propio hábitat, manteniendo viva la esquiva historia de la “Graellsia” en San Lorenzo.

Jorge Segovia