De La Barranca a Tablada: ruta por los hospitales fantasma de la Sierra de Guadarrama

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La meteorología y la situación geográfica convirtieron a la Sierra de Guadarrama en el enclave perfecto donde a finales del siglo XIX y tras la Guerra Civil se levantaron varios hospitales y sanatorios actualmente en deshuso. El abandono y el tiempo los han convertido en escenario de actos vandálicos (han sufrido el robo de cables, cobre y mobiliario) y rituales de magia negra, acabando envueltos en un halo de leyenda alimentada con testimonios de extrañas apariciones, luces y psicofonías.

Estos inmuebles se caracterizan por estar construidos en medio de grandes fincas, en entornos naturales de gran valor medioambiental y belleza, en plena Sierra (la pureza del aire era recomendable contra la tuberculosis y enfermedades respiratorias). Disponían de amplios espacios y terrazas donde los inquilinos pasaban largas horas, pero cuando la ciencia determinó que los pacientes enfermos de las vías respiratorias no tenían por qué estar ingresados permanentemente, perdieron el sentido con el que fueron creados y fueron abandonados paulatinamente. En ellos podemos encontrar documentos, ortopedias y medicamentos que fueron utilizados cuando el lugar funcionaba, que conviven con graffitis y restos de ‘botellón’. Animales como murciélagos, palomas, ovejas o cabras son sus nuevos moradores mientras esperan su reconversión o el derrivo definitivo.

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La Barranca, en Navacerrada
El hospital del Santo Ángel de la Guarda, en el valle de La Barranca, en Navacerrada, fue construido en 1941 por el Patronato Nacional Antituberculoso, una institución que levantó edificios similares por toda España. Cuando remitió la tuberculosis, este centro pasó en un primer momento a acoger enfermos metales, hasta que en 1995 fue cerrado y abandonado.
Contaba con una construcción de hormigón armado y cubiertas de pizarra, con aproximadamente 3.000 metros cuadrados por planta. Se compone de dos grandes alas principales con cinco plantas y sótano, algunos edificios anexos y un edificio de recepción; solo la fachada mide 100 metros. Hoy en día se conserva intacta la estructura, aunque los tabiques interiores han sido derribados. Se encuentra en monte de utilidad pública y es propiedad del Ayuntamiento. En el año 2000, la Comunidad de Madrid anunció que esta inmensa construcción se transformaría en un Parador Nacional, un proyecto que nunca llegó a realizarse.

La Marina, en Los Molinos
En Los Molinos se encuentra un hospital militar que abrió sus puertas hacia el año 1956, tratando distintas dolencias a los veteranos militares. Se especializó en enfermedades pulmonares y cardiovasculares y llegó a contar con dos quirófanos. Abarca 65 hectáreas, con una gran cantidad de construcciones que en su momento eran oficinas y viviendas militares, y tiene cinco plantas. Este era un lugar que en su época tenía una muy buena reputación en cuanto a los centros sanitarios del ejército se refiere, pues contaba con un gran equipo de médicos y enfermeros que superaban en número a los pacientes por lo que los podían atender muy bien; además, las instalaciones eran bastante lujosas, tenían escaleras y pasillos con mármol.
Los últimos diez años se dedicó a residencia de ancianos, pero debido a su abandono en 2002 se empezó a deteriorar. El edificio ha salido varias veces a subasta, aunque sin ningún éxito, por lo que se ha convertido en un asunto pendiente para el Ministerio de Defensa, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento.

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El Hispanoamericano
En la subida hacia el Puerto del León, a 1.500 metros de altitud, en Guadarrama, se encuentra este centro de iniciativa privada que data de los años 20 y que a finales de los 70 quedó abandonado, quedando en pie las fachadas. Actualmente el edificio ha sido restaurado y se usa como residencia de ancianos.
La Tablada
Se empezó a construir también en Guadarrama en el año 1936, pero debido a la Guerra Civil no se pudo acabar. El conflicto bélico lo dejó casi totalmente destrozado y en los años 50 comenzaron a remodelarlo, pero finalmente, aunque hubo que construirlo de nuevo, nunca se llegó a inaugurar. Su titularidad pertenece al Ministerio de Sanidad y al Instituto Carlos III. En su interior se ha grabado la película de terror “School killer”.
El sanatorio de Walpurgis
El Real Sanatorio de Guadarrama fue inaugurado por el rey Alfonso XIII en 1917 como uno de los centros sanitarios más avanzados de Europa. «Sol, aire, pinos, agua, altura de 1.800 metros», se publicitaba el hospital en los periódicos de la época. Por él, pasaron personalidades como Camilo José Cela o Rafael Alberti. A finales de los 70 quedó abandonado, siendo el escenario de la película “La Noche de Walpurgis” (1971) protagonizada por Jacinto Molina, más conocido como Paul Naschy. En el año 1994, el sanatorio fue demolido.

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La tuberculosis, una dolencia letal

La tuberculosis, llamada antiguamente tisis, era una dolencia muy peligrosa hasta mediados del siglo XX dada su alta mortalidad. Provocaba que muchos enfermos fueran abandonados en la puerta de estos hospitales, donde no recibían visitas: la distancia desde Madrid era considerable. Algunos pacientes se quitaban la vida tirándose por las ventanas, ahorcados o asfixiados, además de sufrir constantes alucinaciones. Se trata de una infección bacteriana contagiosa que compromete principalmente a los pulmones.

La leyenda de la monja

La mayoría de los hospitales para tuberculosos van unidos a la leyenda de una extraña monja que portaba una jeringuilla y que, cuand visitaba las habitaciones, al día siguiente aparecían muertos sus moradores. Muchos creen que era una alucinación colectiva, una manera de ponerle forma a la muerte; otros, que algunos pacientes eran usados como cobayas para probar los fármacos que empezaba a resurgir para combatir la tuberculosis. Esta leyenda no sólo se da en hospitales de la Sierra, ocurre lo mismo en el Hospital del Tórax de Tarrasa, en el Sanatorio de Agramonte, y en otra decena de hospitales abandonados repartidos por toda geografía española.

Texto: María Mateos / Fotos: E. C. y R. V. H.